SORPRENDE la hiperactividad desplegada en el último periodo de gestión. Es galáctica y absolutamente desbocada. Todos recordamos el famoso diagnóstico socioeconómico de la comarca metropolitana de Tenerife del año 1998 (denominado COMARPLAN), elaborado por especialistas en desarrollo y donde los alcaldes de entonces (entre ellos, el actual primer edil de Santa Cruz), concluían en la necesidad de potenciar redes, estimular la emprendeduría, promover innovación, coordinar a los agentes públicos y privados, así como el desarrollo de infraestructuras y acciones sociales, como objetivos para el logro de un equilibrado y necesario desarrollo socioeconómico de la comarca metropolitana, y como consecuencia del mismo se proponía la creación de la denominada sociedad para el desarrollo de la comarca metropolitana de Tenerife.
Comienza con estas bases la andadura de la Sociedad de Desarrollo. Con diferentes avatares, por supuesto. Lo que comento es que tras el último revuelco electoral, con el aterrizaje de los gestores populares, y desde entonces parece poseído de una "hiperactividad" y la fuerza de un "Titán Campeador". Convertida en fuente inagotable para poner en marcha incontables actividades, a juzgar por las masivas actuaciones que se han venido desempeñando, aunque oportunamente matizadas por las declaraciones, recientemente aireadas del alcalde de la ciudad, indicando que el actual avío pone en marcha iniciativas del anterior equipo responsable. Menos mal. Sin duda, es "mérito" del actual grupo haber descubierto el caudal u horizonte salvaje de una sociedad de estas características, con tantas posibilidades de protagonismo, así como el haber querido ponerlas en marcha, puesto que en apenas un año se han consolidado una ingente cantidad de actuaciones de una variada índole.
Tal volumen de intervenciones, sin embargo, corre el riesgo de ser clasificado como "Inflación Salvaje". Utilizo incorrectamente estos dos términos sólo para dar a entender que se ha saltado de una austera gestión a toda una vorágine de episodios de acción. Como en la "Jungla de Cristal". Casi no hay un solo día o lugar del planeta capitalino donde no se descubra un proceder organizado por la sociedad de desarrollo. Como toda demasía, la denominada por mí "inflación salvaje" puede ser un problema que acabe pasando factura. Aunque, no se conocen los presupuestos de la sociedad, todo hace pensar que cuando aumentan exponencialmente las actividades, también lo hacen los gastos, que se sepa, y los ingresos municipales no han crecido exponencialmente, por lo que teóricamente habrá aumentado el endeudamiento o se habrán tenido que disminuir otras partidas. Por suerte o por desgracia, esto entra de lleno en el balance de las prioridades de cualquier equipo de gobierno, con sus correspondientes consecuencias económico-financieras. En este caso, para el área capitalina, no para ellos individualmente. Es muy cuestionable que una plantilla política nueva descubra "un Potosí" y esté dispuesta a embarcarse, a saco, en tan costosos proyectos. Para valorar consecuentemente su éxito o fracaso habrá que manejar datos. A esperar toca.
Repito. Si visualizamos atentamente lo que la sociedad de desarrollo viene haciendo, observamos que es tal la cantidad de iniciativas deslumbrantes, que cuesta trabajo incluso realizar un seguimiento, lo que hace suponer que digerir, de repente, tal magnitud de "comida" está suponiendo una auténtica "indigestión" para la empresa. Lo que los economistas describen como "fuente de ineficiencias", puesto que se supone que los equipos anteriores no estaban ociosos, y este conjunto novedoso de actividades, de tal variado calado, exige un mínimo de especialización, preparación, análisis etc.; pero es que, además, lo que parece discutible es si realmente todo este enorme despliegue y esfuerzo es útil y para qué. Sin duda, útil siempre puede ser, dado que depende del objetivo, otra cosa es para qué, y aquí debemos volver al principio del comentario. ¿Recuerdan lo que se pretendía? ¿Recuerdan lo que se quería entonces?... Sin duda, no es lo mismo que parece pretenderse ahora.
Sería interesante plantear si realmente los decisores políticos, los empresarios y las instituciones saben lo que quieren. Ahora, más que nunca, que la coyuntura económica requiere importantes y coordinados esfuerzos no debemos cometer el error de dedicarnos a gastar los escasos recursos de que disponemos en "fuegos de artificio y banderitas españolas" que no generen un auténtico crecimiento socio-económico global. La pregunta es ¿las fiestas son siempre buenas para todos?, la respuesta la da cada uno.
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