JORNADA, S/C de Tenerife
Santiago Llorente Merino (Valladolid, 21-11-1950) lleva más de tres décadas vinculado al fútbol de máximo nivel. Con apenas 26 años de edad, se integró en el organigrama técnico del club representativo de su ciudad natal, en el que permaneció hasta finales de los ochenta realizando labores de coordinador técnico y segundo entrenador del primer equipo.
En 1987 decidió salir de Valladolid para probar suerte en otros destinos profesionales. La capital de Asturias fue su parada inicial, y el Real Oviedo el paso previo a su exitosa etapa en el Tenerife. Llorente relevó a José Antonio Barrios en la secretaría técnica del club que presidía Javier Pérez, justo en la temporada del regreso a la Primera División (1989). El gerente deportivo fue partícipe del crecimiento de la entidad en la élite, de los duros comienzos, de la creación de la plantilla que salvó la categoría en una promoción contra el Deportivo, del fichaje de las primeras estrellas (Fernando Redondo, Del Solar, Latorre, Pizzi, Jokanovic, por citar a algunas de las más relevantes), de la arriesgada apuesta por Jorge Valdano, de la clasificación para disputar la Copa de la UEFA y también de la consolidación del equipo entre los grandes tras la incorporación de Jupp Heynckes, que guió al Tenerife hacia su máxima cota, las semifinales de la citada competición europea. Fue una etapa histórica, la más brillante de la entidad. Una etapa que tuvo su fin, incluso para Llorente, que en 1997 cerró un ciclo y volvió a cambiar de aires, esta vez para regresar al Oviedo, en el que trabajó como director deportivo durante una temporada.
Sin embargo, no tardó en volver a la Isla. El Tenerife había pasado directamente de la gloria a una crisis deportiva que le costó el descenso a Segunda. A mediados del curso 1998/1999, Javier Pérez le pidió ayuda a Llorente, que aceptó el desafío de intentar evitar el desastre. Fichó a Lussenhoff, Basavilbaso, Javi López y Pier en enero, pero el representativo terminó en la categoría de plata.
A partir de ahí, se implicó en la adaptación del Tenerife a su nueva realidad. La primera temporada (1998/1999) no resultó satisfactoria, ya que el equipo vio pasar a tres entrenadores (Sandreani, Castro Santos y Cappa) y no logró el ascenso. Sin embargo, en el verano posterior rozó la perfección al confeccionar, con un presupuesto muy limitado, una plantilla que entregó al técnico Rafael Benítez y en la que destacaron jugadores como Iglesias, Aragoneses, Martí, Torrado, Curro Torres, Luis García o Marioni, entre otros. El Tenerife que retornó a la máxima categoría en 2001, fue la última gran obra de Santiago en el club insular. Paradójicamente, tuvo que disfrutar desde la distancia de aquel éxito, ya que en septiembre de 2000 anticipó su ascenso a Primera para iniciar una segunda etapa en el club de su ciudad natal, el Valladolid, al que lideró durante cinco temporadas con el amargo final de un descenso a Segunda.
En medio, el Tenerife trató de recuperarlo. Ocurrió en la segunda vuelta de la Liga 2001/2002, la última del conjunto chicharrero en la élite. No obstante, las partes no llegaron a un entendimiento y Llorente continuó en el Valladolid, donde tuvo a Alfonso Serrano como ayudante. La estancia del equipo castellano en Segunda derivó en una remodelación del organigrama técnico del club que afectó a Santiago, que fue relevado por José Luis Pérez Caminero a finales del mes de junio de 2005.
Pero el fútbol no le dio la espalda. En esta ocasión, un histórico estancado en la Segunda B, el Real Jaén, le ofreció encargarse de la dirección general del club. El dirigente vallisoletano aceptó la propuesta y se puso al frente del club andaluz, del que se marchó un año más tarde ante la tentación de recuperar un lugar en Primera, gracias a la llamada de Ángel Torres, presidente del Getafe, entidad a la que se sumó en julio de 2006 después de firmar un contrato por tres temporadas. En el equipo madrileño, una de las sensaciones de las dos últimas temporadas, Llorente triunfó siguiendo su fórmula preferida: negociar cesiones de jóvenes talentos que no tienen protagonismo en equipos grandes y seleccionar futbolistas poco conocidos en el ámbito internacional (sobre todo, domina el mercado sudamericano) que después terminan sorprendiendo en España.
Ahora podría surgirle la posibilidad de trasladar su método de trabajo al Tenerife por tercera vez en su trayectoria profesional. En ese caso, Llorente marcaría el final de un ciclo de siete temporadas en el que la entidad ha contado con cuatro directores deportivos distintos que no pudieron culminar sus proyectos. Felipe Miñambres dimitió tras el fracaso de Pepe Mel en 2002; Miguel Ángel Ruiz fue despedido en 2003 después de la llegada al club del consejo presidido por Víctor Pérez de Ascanio, que fichó y también puso en la calle a Carrasco. El sustituto del "Lobo" fue Olaf Bonales (asesor deportivo), que dejó su cargo a raíz del cambio de directiva en 2006. La secuencia de relevos vivió ayer un nuevo episodio con la marcha anticipada del club de Serrano.
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