EN ESTE PLANETA globalizado los negocios multinacionalesl se concretan y consolidan con remates cibernéticos de última hora. La era de la informática y el paraíso de los intercambios gana por goleada la batalla del futuro. El mundo funciona con orden, planificación y pautas de comercio internacional. En su defecto, con listos y reflejos tapadores de huecos. Recuerdo un bróker brasileño, en un despacho alucinante de Bahía, que me atendió para un asunto a las nueve en punto. Diez minutos fueron suficientes para captar el ambiente y en ese lapsus, con siete teléfonos y equipos informáticos de última generación, a la vez que colocó barriles de petróleo en la costa este de Estados Unidos, compró y vendió vacas y especuló en el mercado de futuros con oro y diamantes. El espabilado solucionó la gestión conmigo, entre timbres, gritos, mensajes y salí perfectamente satisfecho. Un máquina. No me vendió nada, porque no se trataba de eso, pero a la vista de la actividad transmisora casi le compro varias toneladas de soja, CIF o FOB en el puerto de S/C.
Funciona así. Un "container" de bicicletas puede estar situado "al pairo" en el puerto de Singapur, a la espera de una orden de venta y la apertura, por el banco del cliente, del crédito documentario correspondiente. Producido, se libera el traslado inmediato, por ejemplo a Perth (un puerto australiano) y se busca la naviera que antes puede consumar el servicio. La empresa holandesa fabricante del cacharro midió con anterioridad el consumo de bicicletas en el Sudeste asiático y determinó que mantener en Singapur 35 "containers" de stock continuo suponía la demanda de dos meses y pactó previamente con la consignataria un transporte regular para esa cantidad. Cada 60 días, sale un buque desde Amsterdam, con el planificado material. A veces hay en la capital asiática 35 "container", a veces 20 y a veces, 62, dependiendo de alzas o bajas de las transacciones. Una empresa de logística se encarga de dar curso rápido a las colocaciones por la zona. Exactamente como la nevera de casa los alimentos conserva y no hay que ir a diario a doña Rosario.
Lo propio para el ahorro en la fabricación, producción, transporte y dosificación. Con el citado proceder, se sortea pasta por un tubo. En comparativa con el envío, uno a uno de lo cajones metálicos (con el consiguiente retraso y colapso), es más rápido y eficaz. Está estudiado, sopesado, cuantificado y supone el mecanismo de traslado y espera más adecuado. Redunda en el precio final y permite la existencia de plataformas logísticas que, con profesionalidad y responsabilidad, mueven y controlan las mercancías por sus ámbitos de influencia. Esta pequeña pincelada describe, como muestra, lo que sucede, hoy por hoy, en el tránsito marítimo y aéreo. Especialmente para los productos no perecederos.
Canarias ocupa geoestratégicamente una posición envidiable como plataforma adecuada para este tipo de comercio, con las miras puestas en cubrir África Occidental y América Oriental. Para ambos destinos finales somos la "última posición europea" en todos los sentidos (financiero, agilidad, competitividad, modernidad, seguridad...) y podemos considerar presuntamente viable una estructura dedicada a este negocio de altura.
¿Qué hace falta? Todo o nada (según se mire). Unos puertos integrados, espacio para almacenar y capacidad de gestionar. Lo último lo tenemos de sobra y los otros dos factores "asigún se mire". Antes de continuar, hay que remarcar que nuestros dirigentes, especialistas y gerentes observaron el panorama y planificaron Granadilla y Arinaga para, entre otras, esta masiva actividad incrementar. Los puertos de Santa Cruz y de La Luz ya atienden este mercado con medios muy tarados. Sin espacio, sobre todo. La coña es en Tenerife, donde se entongan enfrente de Hacienda en una especie de "melé", en el peor sitio que se podía elegir. Había un juego que se llamaba "Monta la Chica". Esto es igual, una acampada, parece que provisional, menos mal, de "containers" en el centro de S/C. En Las Palmas está un poco mejor y por eso tienen mayor bocado, pero tampoco es adecuado.
Así que lo primero que deberíamos decidir es si queremos o no optar a este mercado y si la contestación fuera "sí" (como es, sobre el papel) obrar en consecuencia.
Yo era contrario. "No al puerto de Granadilla", ¡ya está bien de consumir suelo! Pero llegados a este punto, se accede al "ya que". Ya que está hecho y que a lo hecho, pecho, ¿vamos a hacerlo mal? ¿Sólo va a servir para mercancía a granel? ¿Con un muelle tan pequeño como el del puertito vamos a mejorar un poquito? Y ya que se ha roturado y aquello es un escampado, ¿no será conveniente hacerlo más profundo y rotundo, para absorber este pelotazo de mundo?
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