Madrid, EFE Si alguien hubiera dicho que se vería en el hemiciclo del Congreso a varios diputados del PP aplaudiendo a Zapatero y a alguno del PSOE haciendo lo propio con Rajoy nadie le hubiera creído. Paradójicamente, ETA ha conseguido con otro brutal asesinato la primera imagen de unidad de los partidos en años.
La primera sesión de control al Gobierno de la legislatura tenía varios puntos de interés: comprobar el tono de la oposición, ver cómo se desenvuelven los nuevos ministros... pero todo ha quedado en segundo plano.
El grupo parlamentario popular no ha querido hoy que quedase ni la menor sombra de duda de que las cosas han cambiado: comunicado conjunto, comparecencia conjunta, declaraciones de unidad y apoyo al Gobierno sin los matices de antaño.
Y es que el asesinato de Juan Manuel Piñuel en Legutiano (Álava) parece haber devuelto la unidad al Congreso.
Con la lectura de una declaración institucional de condena, el presidente de la Cámara, José Bono, abría la sesión. Después, Mariano Rajoy, Josep Antoni Duran Lleida y Josu Erkoreka renunciaban a sus preguntas sobre el agua, la justicia y el secuestro del Playa de Bakio, respectivamente, y las sustituían por palabras de rechazo al terrorismo y llamamientos a la unidad contra ETA.
"Le ofrezco mi apoyo y que recuperemos el consenso que en su día se perdió", le ha dicho Rajoy a Zapatero y ha asegurado que pondrá todo de su parte para lograr ese objetivo.
Duran recordaba que el único enemigo es ETA y Erkoreka se esforzaba en dejar claro que a su partido y a la banda terrorista les separa "un abismo".
Cuando José Luis Rodríguez Zapatero agradecía las palabras de los tres y prometía firmeza contra los asesinos, varios diputados del PP le aplaudían, entre ellos Rajoy y la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, sentada al lado del presidente del partido porque hoy el secretario general del PP, Angel Acebes, no estaba.
Previamente, relevantes miembros de la bancada socialista como el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, habían aplaudido a su vez a Rajoy.
Luego se ha celebrado lo que quedaba de la sesión de control al Gobierno, pero con suavidad.
Quizá se pueda lamentar que el Congreso haya decidido alterar esta tarde su agenda, pero esta vez ha merecido la pena salirse de la normalidad de la sesión para recuperar otra normalidad que se había perdido.
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