Dentro de los excelentes logros que la nación andorrana exhibe, su nueva universidad, nacida en el año 1997, es una buena piedra de toque para calibrar la visión progresista que se aprecia en todo este hermoso país pirenaico, gerenciado por personas de mucha valía, como se puso de relieve al instalarse como único país sede del programa THEMIS de la Organización Mundial del Turismo.
En una amena charla que nos ofreciera el rector de la Universidad de Andorra, Daniel Bastida Obiols, pudimos apreciar el sentido práctico que se le está dando al proyecto, buscando la efectividad de sus enseñanzas y sin caer en la vieja filosofía que ha perdurado a través de los años en las más antiguas universidades europeas, esas que hoy conforman la Asociación de Universidades Europeas con sus más de 750 miembros. Quizás a la mayoría de ellas les haya faltado la dinámica que los americanos del norte han sabido llevar hasta sus aulas, claro está que imbuidos sus mandos directivos de esa filosofía tan americana de buscar lo práctico antes que lo barroco. Acá, todavía se siguen "mirando el ombligo" muchos de los responsables de que esto camine.
La Universidad de Andorra es un buen ejemplo a seguir, según pudimos escuchar en las palabras de Bastidas Obiols, expuestas con todo el sentido que la humildad permite, pero con las miras bien puestas en el servicio a una sociedad que demanda personal académica y profesionalmente preparado para muy determinados puestos de trabajo, en los cuales está basada la economía del pequeño gran país.
Es así como se deben estructurar los estudios universitarios, y como están concebidos en los países más desarrollados del mundo. Sin falsos alardeos de títulos inservibles luego en la realidad, o con unas saturaciones que rozan el ridículo, en las cuales terminamos viendo a los licenciados en tales o cuales carreras sin saber a dónde ir, ocupando en muchos casos puestos de trabajos que están muy por debajo de lo que la universidad les ofreció y con una preparación que, aún pudiendo ser todo lo buena que se promete, frente a la realidad la cosa es bien distinta.
La promesa de la Universidad de Andorra está calando hondo en sus estudiantes. Se está enseñando lo que los puestos de trabajo demandan en la zona, sin olvidar el valor internacional que puede suponer el preparar técnicos para todo el mundo, en un país de apenas 450.000 kilómetros cuadrados, con una población de unos 75.000 habitantes, y donde se ha sabido preparar a la nación para recibir anualmente nada más y nada menos que más de once millones de turistas. Un sueño para cualquier país suramericano, con todo el poderío que suponen sus enormes bellezas naturales, su historia, y sus decenas de culturas.
Andorra es una nación que ha sabido explotar sus más mínimas condiciones, y con su universidad lo está demostrando. Nada de exhuberancias ni programas desproporcionados. Bastidas Obiols fue muy claro y preciso. Hay que preparar lo que se necesite. Lo que pueda suponer una solución para el problema. No creando el problema echando a la calle cientos de "titulados universitarios" para después convertirlos en desempleados. Andorra tiene pleno empleo. Por algo será.
Tenemos mucho de qué tratar con la Universidad de Andorra. Nos llamó poderosamente la atención que en sus programas estrella la informática y la gestión ocupen un lugar prominente. Recordábamos nuestras conversaciones con el experto hombre de negocios y eminente profesional Santiago Fernández Caballero, quien nos insistiera con los más importantes argumentos para que incluyéramos el tema de la gestión hotelera en nuestros nuevos programas de estudios turísticos, actualmente en su fase final de elaboración. Y no es para menos. La gestión es la asignatura pendiente que está en el candelero de sus falsos conocimientos en empresarios, políticos y entes sociales, en un entramado carente de sentido práctico en el que solo parece importar mirar hacia delante, atropellando lo que sea con tal de sobresalir ante los demás, aunque los conocimientos en los temas de sus competencias estén bajo mínimos.
La Universidad de Andorra sabe lo que hace. Con unas sencillas pero elocuentes palabras llenas de sabiduría -aunque ellos intentasen disimularla-, tanto Bastida Obiols como Minoves Triquell -el ministro del que nos ocupamos anteriormente en otro de nuestros trabajos- dieron una magnífica lección acerca de cómo hay que gestionar un país y su universidad a todos los miembros de la Confederación Panamericana de Escuelas de Hotelería, Gastronomía y Turismo, que tuvieron la exclusiva oportunidad de disfrutar de la excelente hospitalidad de estos magníficos anfitriones, quienes nos despejaron las posibles dudas que pudiésemos tener sobre las cálidas atenciones que los andorranos brindan a sus visitantes. Los más de once millones de turistas que se han ido paulatinamente sumando a las cifras de su escalada turística dicen bien a las claras que allí hay unos habitantes sabios que les atienden con mucha profesionalidad y una altísima calidad. Algo que en otras latitudes lamentablemente se está perdiendo a pasos agigantados.
Andorra: un paraíso encontrado con un turismo de calidad.
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