Cultura y Espectáculos
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MANUEL BORJA-VILLEL

"Los lugares de consumo han absorbido los lugares de conocimiento"

14/may/08 07:35
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BENJAMÍN REYES, Tenerife

Manuel Borja-Villel (Castellón, 1957), director del Museo Nacional Reina Sofía desde hace cuatro meses, efectúo una visita relámpago a tierras tinerfeñas para formar parte del jurado de selección que dirimirá quién será el director del Tenerife Espacio de las Artes (TEA).

-¿Qué lo motivó a abandonar la dirección del MALBA para asumir la del Reina Sofía?

-Llevaba diez años en el MALBA, un lugar paradisíaco donde tenía libertad absoluta y un presupuesto muy alto. Pero las instituciones tienden a la entropía. Llega un momento que han crecido hasta tal punto que si no sabes dejarlas a tiempo puedes acabar destruyéndolas. Consideraba que, una vez establecido el modelo, era el momento para que otro lo continuase.

-¿Qué lugar cree que ocupa el museo que usted dirige en el panorama internacional?

-De algún modo es el buque insignia de los museos del Estado español. Es uno de los grandes por presupuesto, por escala, por metros cuadrados, aunque no tenga la colección del Pompidou o del MOMA, pero tampoco tiene tanto que envidiar a otros museos tipo Tate Gallery. Es una pinacoteca joven que todavía tiene mucho recorrido. Es un museo de los grandes que está todavía por hacer. El Pompidou, el MOMA, la Tate, ya están hechos. Sin embargo, en el Reina Sofía está todo por hacer. Es un reto que se presenta pocas veces en la vida.

-¿Qué valoración hace de la reciente exposición de Picasso en el Reina Sofía?

-Picasso es un artista inagotable. El siglo XX es el siglo de Picasso. Algunos artistas, a finales de los 50 y principios de los 60, se plantearon si se podía pintar después de él. Esta exposición ha sido un Picasso de Picassos, integrado por cuadros de los que no quiso desprenderse. De alguna forma representa su legado artístico.

-¿El Reina Sofía y el TEA van a establecer algún tipo de relación en el futuro?

-Espero que sí. Pienso que la relación centro-periferia ya no tiene sentido. Ahora, hay muchos centros y muchas periferias. Se tiene que trabajar en red, en un puente de dos direcciones de igual a igual. El TEA no tendrá una colección en cantidad como el Reina Sofía, pero sí puede tener una colección muy distinta a la nuestra.

-¿Qué importancia cree que puede tener el TEA para Canarias?

-Es un edificio con un interés arquitectónico bastante elevado. Creo que puede funcionar muy bien como museo por cómo integra el espacio público en el espacio privado. Puede ser un polo de atracción de gente en una época en la que la cultura del espectáculo, y una de sus manifestaciones el turismo, parece que lo absorbe todo. Que en una isla tan turística como Tenerife haya un centro como el TEA puede ser fundamental para la ciudad.

-¿Qué opinión tiene sobre la figura de Óscar Domínguez?

-Es una figura del surrealismo tardío, y precisamente por eso es interesante. La historia siempre se ha contado desde el punto de vista de los triunfadores y el que se pueda contar la historia desde el punto de vista de los que han tenido menos presencia puede aportar algo nuevo a la historia del arte del siglo XX. En este sentido, Óscar Domínguez puede ser una figura clave.

-¿Tiene previsto ampliar el Reina Sofía?

-Una de las propuestas es la reforma del edificio de Sabatini. Es una reforma absolutamente necesaria porque se ha quedado obsoleto y porque así entrará en diálogo con el nuevo edificio de Nouvel. Con la reforma se ganarán 4.500 kilómetros cuadrados.

-Cada vez se tiende más al museo como atracción turística.

-La gente va a los museos a reconocer más que a conocer. Va a ver algo que ya ha visto en una reproducción. El consumo se ha convertido en el espacio de relación entre las personas. Y el centro comercial ha sustituido al espacio público. Los lugares de consumo han acabado absorbiendo los lugares de conocimiento. Esto es grave porque los museos son centros educativos fundamentales. Que esto quede reducido a un intercambio de mercancías forma parte de la perversidad y el cinismo que caracterizan el mundo actual.

-¿El arte debe de estar en los museos o debe salir a la calle?

-Los futuristas a principios del siglo XX planteaban quemar los museos. La utopía de los que trabajamos en los museos es recuperar el espacio público, ese espacio que vas descubriendo. Es la idea del flâneur del XIX.

-¿El arte contemporáneo es incomprensible o es que el público no lo entiende?

-Existe una polaridad falsa entre la élite y las masas. No es ni una cosa ni otra. La cultura acaba siendo para minorías, pero si se habla de minorías que interaccionan esa polaridad no tiene sentido. El arte debe de conservar parte de su opacidad. Y la gente debe de olvidarse del miedo a no saber.

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