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Telma, la acosada

14/may/08 07:34
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CARLOS RUIZ Zafón, novelista de notable éxito, ha tenido que trasladar su residencia a Los Ángeles para pasear por las calles sin que lo acosen las multitudes. No es que la citada ciudad californiana sea el lugar más adecuado del mundo para deambular por una vía pública, pero al menos le basta a un famoso hispano para disfrutar del anonimato. Nueva York está demasiado cerca. Sobre todo ahora con la baratura del dólar, cuando los españolitos vuelven a asaltar las tiendas de Manhattan al grito chapurreado del give me two. Qué país tan moderno tenemos.

Ruiz Zafón ha ganado suficiente dinero con "La sombra del viento" para vivir en Los Ángeles o en Pernambuco, si fuera ese su deseo. Otras personas, obligadas a la fama sin quererlo, no. Personalmente, me importa un rábano lo que haga o deje de hacer Telma Ortiz y su "pareja". Acaso el gran problema de nuestros días empieza por la "modernidad" de llamar pareja a sólo uno de los miembros de un par. Antes, un señor o una señora tenían novia o novio respectivamente -ahora sobra el respectivamente; un señor puede tener novio, y viceversa, con toda la normalidad del Universo universal-, o tenían esposa o esposo, o una era la amante de tal caballero y uno el de tal dama. Sin embargo, como el cambio de costumbres corre más que la actualización del diccionario, nos quedamos un tanto colgados a la hora de denominar al que, o a la que, vive con alguien sin haber pasado por la vicaría o el juzgado. Por supuesto, después de la idiotez de la pareja -¿en el caso de un varón habría que decir "del parejo" por eso de la igualdad también semántica?- cabe todo lo demás. Ya no es que estemos a un paso de la idiotez; vivimos rodeados de ella por doquier.

Hablando con seriedad, ¿qué ha hecho en su vida Telma Ortiz para merecer tanta atención mediática? ¿Cuáles son los méritos de esta señora -dignísima señora; vaya eso por delante- para que la persigan día sí, día también, fotógrafos baratos y cámaras de salsa rosa? Ninguno. El único, ser la hermana de. Aunque esa no sea ninguna cualidad digna de admiración colectiva. Le reconozco más provecho a un futbolista habilidoso para darle patadas a un cuero.

Defiendo radicalmente el derecho de Telma Ortiz no sólo a preservar su intimidad, sino incluso a no ocupar una sola línea en la prensa y un solo minuto en radio o televisión. Hasta este artículo me parece excesivo. La señora Ortiz es muy dignísima como persona, lo repito, pero no ha hecho nada destacable para tanto protagonismo mediático. Fama que, por añadidura, ella y su "pareja", rechazan hasta el punto de acudir a los tribunales. Al final, da pena que en este país de marujas -y de marujos; los marujos son igual de abundantes y todavía peores como bazofia intelectual- se estime tanto las veleidades de unos cuantos folklóricos, y tan poco el esfuerzo de muchísimas mujeres y hombres, jóvenes y no tan jóvenes, que se devanan los sesos y se rompen la espalda trabajando dieciséis horas al día para sacar adelante un proyecto de investigación de indudables beneficios colectivos, o un programa cultural que nos eleva como personas.

rpeyt@yahoo.es

 

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