ES SABIDO que, a veces, es muy saludable recordar para aprender de los errores. Y también es aceptado que en esta querida Isla nuestra se han cometido un sinfín de ellos. Muy difícil ha sido, y continúa siéndolo, que los responsables de asumir estas dos situaciones, es decir, la de mirar hacia atrás y rectificar, dejen a un lado las complicidades y trabajen en otra dirección menos, o nada, agresiva con el territorio. La época de los caciques innombrables forma parte, por el acceso del pueblo a la cultura, de la pequeña historia de este esquilmado Archipiélago cuando la cosa pública era manipulada, gobernada e impuesta por una serie incalificable de antojos de estos fulanos medievales. Hoy en día, cualquier decisión política tiene que tomarse en un foro donde distintas visiones y diferentes informes técnicos se encuentran en un proyecto que es beneficioso y respetuoso para todos. Que el resultado final sea el deseado... es otra cuestión, porque, al margen de las ideas, éstas están rodeadas por un montón de subjetividades que pueden influir, de forma negativa, en el final del proyecto. Por ejemplo, muchos esperamos, hasta con impaciencia, que se concluyan las otra vez aplazadas obras de la plaza de España para comprobar cómo queda el proyecto de su remodelación, defendido por muchos (incluido el colegio profesional) y censurado por otros ajenos a la arquitectura del hormigón.
La pasada semana escribimos sobre la necesidad de regular ciertas huelgas que influyen directamente en la economía de las Islas. Y lo hacíamos haciendo referencia a las protagonizadas por los trabajadores de la limpieza de Adeje y el Puerto de la Cruz y a la absoluta necesidad de prever estas situaciones por parte de los ayuntamientos. Hoy queremos hablar sobre otro tipo de unión entre el Norte y Sur tinerfeños y que no es otro que el que va a protagonizar, esperamos que en un futuro inmediato, el tren. El transporte ha sido, y es en cualquier parte del planeta, un factor determinante en la actividad económica. Algunos grupúsculos quieren ignorar esta verdad. Pero en muchas ocasiones, también, la visión desenfocada de la realidad ha desembocado, casi siempre, en fenómenos de congestión. Alrededor de los puertos, por ejemplo, han nacido grandes concentraciones industriales y urbanas. En Tenerife, la Refinería, los muelles prácticamente acoplados a la ciudad, han creado serios problemas de competencias a la hora de estudiar las ampliaciones portuarias, las industriales o las residenciales. No olvidemos los conflictos entre cabildo, ayuntamiento y Autoridad (autoritaria) Portuaria. Así hemos llegado a "disfrutar" durante años de ese adefesio que es la entrada a la capital que ahora se quiere enmendar. Veremos cómo termina esta historia que repercutirá, seguro, en el devenir del Chicharro.
Lo que hace poco se ha realizado en la autopista del Norte ya no sirve. La demanda ha crecido de tal forma que las obras ejecutadas se han quedado pequeñas y las interminables colas de vehículos siguen ahí con sus impertérritos conductores. La idea de los trenes no es nueva. Antaño se habló de utilizar galerías de agua para conectar norte y sur. Pero el tema se presenta hoy con un nuevo formato tranviario. Se discute si debe albergar coches y trenes, o sólo trenes. La respuesta no está en las necesidades insulares, sino en la política. Las grandes carreteras se basan en un convenio con el Estado. Los trenes tendrán un recorrido más fácil llegado el momento político idóneo, como es el pacto entre Coalición y los socialistas, estos últimos, hoy en La Moncloa (tal y como van las cosas, por poco tiempo. La última guinda la ha puesto el ministro Bermejo al culpar al franquismo de la situación judicial actual).
El PIOT, planificación territorial que marca las importantes actividades de la Isla, las grandes infraestructuras y, en general, la foto de lo que será Tenerife a largo plazo, fue aprobado por el Cabildo Insular de Tenerife en el año 2002. En él quedaban reflejados los trenes del norte y sur. Los tinerfeños, conociendo los resultados del tranvía o metro ligero, esperamos que la obra se inicie cuanto antes y que el nuevo transporte circunvale la Isla de una vez por todas. En la institución insular también se trabaja sobre la viabilidad del túnel bajo la dorsal. Existen informes técnicos que avalan esta obra. La economía tinerfeña, de toda la Isla, se verá afectada positivamente. Pero hay que ponerse a trabajar... ya. Sin miedos ni complejos.
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