SE EMPLEA la expresión para cuestionar a personas que, sobradas de optimismo, exageran ilusiones, al igual que a los soñadores poco despiertos, aunque se levanten temprano, que ven negocios a la mano con tal exagerado optimismo que se hacen irresponsables y luego se encuentran con que "los sueños sueños son" (Calderón de la Barca).
Tienen su origen las cuentas de la lechera en la colección de cuentos que, como manifestación literaria de la cultura hindú, se contienen en el "Panchatandra", que tuvieron gran influencia en Occidente, y ya en el siglo VI se tradujeron al persa y al árabe a los dos siglos siguientes, de donde pasaron al castellano en el siglo XIII por deseo de Alfonso X el Sabio, con el título de "Libro de Celila y Dymna". De uno de esos cuentos, "El religioso que vertió la miel y la manteca sobre su cabeza", procede la fábula de "La lechera", popularizada en los tiempos modernos por Jean de la Fontaine, poeta y fabulista francés que se cree nacido en 1621, en Chateau-Tierry, y falleciera en París en 1695. Estudió Derecho en la Universidad de Reims, haciéndose famoso principalmente por sus cuentos y fábulas. Su obra más celebrada fue una adaptación de "Eunuco", original del dramaturgo romano Terencio. Como abogado ejerció la profesión -¡qué coincidencia con el que suscribe, sea por los eunucos que ha tenido que sufrir, como por haber sido ejerciente de la abogacía!
Las "cuentas de la lechera" hacen referencia a la fábula en verso castellano de Félix María de Samaniego, que recrea la de La Fontaine titulada "La lechera y el cántaro de leche": "Llevaba en la cabeza / una lechera el cántaro al mercado... Esta leche vendida, / en limpio me dará tanto dinero / y con esta partida / un canasto de huevos comprar quiero / para sacar cien pollos, que al estío / me rodearán cantando el pío, pío...". En versos sucesivos comprará un cochino, una vaca, un ternero. "Con este pensamiento / enajenada, brinca de manera / que a su salto violento / el cántaro cayó. ¡Pobre lechera! ¡Qué compasión! Adiós leche, dinero, / huevos, pollos, lechón, vaca y ternero / ¡Oh loca fantasía! / ¡Qué palacios fabrica el viento!".
El propio cuento "El religioso que vertió la miel y la manteca sobre su cabeza", del que procede la fábula "La lechera", también es de provecho a los autos que se juzgan, ya que el religioso ahorraba la miel y la manteca en un cántaro para comprar diez cabras, que preñadas parirán a los cinco años cuatrocientas, que venderá y comprara cien vacas. Alza la vara y pega en el cántaro, que se rompe y derrama miel y manteca sobre su cabeza. Conclusión: que todo hombre bueno no desee lo que no sabe si ha de ser. ¿Quién no se hace ilusiones y construye castillos en el aire?
¿Y cómo inferir de cuanto queda transcrito que las cuentas que se trae entre manos el presidente del Real Nuevo Club Náutico, con una S.A. lanzaroteña son de "La lechera", sin tener la imaginación creativa y literaria de La Fontaine o Samaniego? Porque en el largo curso de la historia del Real Club para la consecución de un puerto deportivo, como los personajes pirandelianos buscando autor, o los de Becket esperando a Godot, se nos viene como en el "parto de los montes" (cosa insignificante que se produce después de haber anunciado algo prodigioso), con una participación del 5% -sea de pago como graciosa- en la UTE (Unión Temporal de Empresas) de su R.C. (Real Club) con una S.A. (Sociedad Anónima) para la "instalación y explotación del Puerto Deportivo de Santa Cruz de La Palma", concedido por la Autoridad Portuaria al híbrido -cruce de yegua y asno llamado mula- de la UTE. "Contra legem", para mayor escarnio, si de costumbre se trata.
Se abunda con el otorgamiento de mayor superficie de suelo y la construcción de un centro comercial y 19 locales de negocio, no comprendidos en el concurso. Las participaciones de los socios no se corresponden con sus aportaciones de capital, pues, si uno se adjudica el 95% por su aportación dineraria del orden de mil millones de pesetas al otro, por la suya "in natura" del libre uso y disfrute de sus instalaciones por todo usuario del puerto deportivo, superior a quinientos, la verdad que el 5% es de "cuentas de la lechera".
Si en un suma y sigue contable al Real Nuevo Club Náutico se le deja "solo, fané y descanchalambrado", como "la sirena varada" (Alejandro Casona), en la frontera de Breña-Alta, mientras Puerto Calero, S.A. Real Nuevo Club Náutico con sus 170 amarres disfruta de la conjunción Puerto-ciudad, infringiéndoles el mayor agravio urbanístico de sus cinco siglos de vida, "leche, miel y manteca" no se derramarán sobre las cabezas de la lechera y el religioso, sino del presidente del "Real Nuevo Club", porque lo del Náutico primero y el centenario "Nuevo Club" a no más tardar dejarán de existir.
Y seguro que al echar cuentas, el presidente no habrá incluido, por ignorancia, el grave riesgo que significa una UTE, y no conforme con su naturaleza jurídica de ejecutar una obra o prestar un servicio por un tiempo determinado, no superior a diez años, sino para una desnaturalizada explotación empresarial, haciendo propio llamar con levedad al híbrido "R.C.", "S.A.", "chapuza", pues, la responsabilidad de sus socios es solidaria e ilimitada, sea cual sea la cuantía participativa de cada uno. La del 5% en un puerto deportivo y centro comercial, más lejos del Real Nuevo Club Náutico que éste de Las Breñas, y por demás competitivo, no merita social ni económicamente, el embarcarse en una nave fantasma sin rumbo ni destino. ¡Oh, loca fantasía, qué palabras fabricas en el viento!
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