COLPISA, Beirut
Líbano fue escenario ayer de nuevos combates entre partidarios del Gobierno y de la oposición. Las refriegas se saldaron en el norte del país con al menos un muerto y cuatro heridos, en un clima de tensión persistente al que no se le adivina una salida. Los combates, en los que se recurrió a armamento pesado, estallaron en la gran ciudad portuaria de Trípoli y obligaron al Ejército a retirarse de nuevo tras haberlo hecho ya la víspera.
Los enfrentamientos se convirtieron en esporádicos al final del día, pero la presencia de hombres armados seguía siendo numerosa, principalmente en Tebbaneh, el barrio suní del norte de Trípoli, que es un hervidero islamista. El Ejército trataba de recuperar el control del sector, donde persistían los disparos de francotiradores y armas automáticas.
El domingo, Trípoli, una ciudad de mayoría suní, ya fue escenario de combates entre partidarios de la mayoría parlamentaria, aliada de Occidente, y milicianos alauitas, una escisión del chiísmo que en este caso es próxima a Hizbulá, la organización más importante de la oposición libanesa que cuenta con el apoyo de Damasco y Teherán.
"No estamos con nadie. Defendemos nuestro territorio. Queremos que el Ejército nos proteja, no queremos que los alauitas se acerquen", explicó un hombre con el rostro oculto en una calle de Tebbaneh.
Un hombre murió por culpa de una bala perdida y cuatro personas resultaron heridas en estos combates, según los servicios de seguridad, que establecieron el saldo de la ola de violencia que estalló el 7 de mayo en 59 muertos y cerca de 200 heridos.
En este contexto, la mayoría parlamentaria en el poder reiteró que no negociará con Hizbulá bajo la amenaza de las armas.
Bloqueo
Mientras el Ejército libanés empezaba el sábado su despliegue en todo el país, la oposición anunció que retiraba a sus milicianos de las calles, pero advertía que mantendría su movimiento de "desobediencia civil", que se ha traducido en el bloqueo de varias carreteras, entre ellas la que conecta el aeropuerto de Beirut a la capital.
"Queremos un compromiso solemne del líder de Hizbulá, Nasrala, ante la opinión pública, los países árabes e incluso Irán, de que no usará sus armas contra los libaneses", dijo ayer el ex presidente Amin Gemayel, uno de los líderes de la mayoría parlamentaria.
Si los dirigentes opositores "quieren dialogar, no es necesario que usen sus armas con el objetivo de cambiar los equilibrios de fuerzas", agregó. Aunque el Ejército había anunciado que "toda persona armada será detenida", un portavoz militar dijo que el tema de los controles de carretera a manos de milicianos "es político, relacionado con el movimiento de desobediencia civil iniciado por la oposición".
La persistencia de estos retenes en la carretera principal que lleva a la frontera siria, en el este del país, indigna a las autoridades locales de varios municipios lindantes.
Los primeros combates entre los partidarios del poder y la oposición estallaron el 7 de mayo y fueron la culminación de una huelga general apoyada por los segundos.
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