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TRIBUNA INSULAR J. MANUEL DE LEÓN

El despertar de Mayo del 68

13/may/08 07:40
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MUCHÍSIMOS acontecimientos llevan el sello especial del quinto mes del calendario. Mayo: mes de los campos en flor, de los pajarillos que danzan entre la frescura de un soneto que evoca el solo de violín en la "Primavera" de Vivaldi? Porque mayo es tan sutil como las vibraciones del aire en el espectáculo sublime de la naturaleza. Fraternal en los momentos prósperos o de los llamados adversos, y sereno frente al fuego, la lluvia o la tormenta?, que rompen el eslabón de la calma.

A juzgar por el preámbulo, o la introducción, estoy casi seguro de que a los lectores les pueda parecer que irrumpo con un relato fruto del ensueño de un escritor enraizado en el XIX, a cuesta con las influencias de Manterola, Dónoso Cortés, Emilio Castelar..., tribunos de una oratoria vibrante y encendida (miembros de la Asamblea Constituyente de 1869), precisamente, en una época en la que en el Parlamento no sólo estaba prohibido la lectura de los discursos, sino que además era costumbre escuchar a los oradores evocar la grandeza de Dios y/o exaltar a la Patria?, presentes en el escenario espectacular de la Naturaleza. Pero nada más lejos, la idea de airear el romanticismo de un lenguaje sumido en el olvido, dando la sensación de oponer resistencia al ¿vanguardismo? de la globalidad. Ciertamente, y a pesar del preludio de la actual crisis, mayo comporta gratas sensaciones.

El año con el ocho a cuestas, a menudo revuelto, guerrero, rebelde, cuando no utópico, como lo fue mayo-junio del 68, le cupo el ¿honor? de cambiar la ortodoxia de unos dirigentes engreídos, e incluso, convencidos de que nada cambiaría. El error fue mayúsculo. Mayo del 68 fue la ocasión para poner en su sitio al gaullismo. Frente a él, la izquierda rígida: estudiantes, sindicatos?, prestos a deshacer el dogmatismo de un poder que sufría de agotamiento, y, por consiguiente, sin cabida en la manera de pensar de las generaciones que ya veían un campo de posibilidades, o el ideal efectivo de felicidad, sin la carga de la pesada losa de la tradición, de la propiedad privada, de las instituciones, etc., etc. De ahí el desenlace negativo de los mandatarios de la época, tocados por la huelga de los estudiantes y sindicatos, decididos a revolucionarlo todo. Los trabajadores, los primeros en lograr mejoras económicas satisfactorias. El movimiento estudiantil, bien planificado y mucho más motivado, no tuvo tan fácil romper con los cánones de una sociedad totalmente inmovilista?

Hoy en día, pocos se atreven a poner en tela de juicio lo que significó Mayo del 68 -con supervivencia hasta junio-, en cuanto supuso un revolutum que despertó a Europa, ya digo, con sólo una concepción cargada de idealismo en estado puro, suficiente para que el movimiento se extendiera por casi todo el planeta. La sociedad recibió un ráfaga de aire fresco, cayeron algunos gobiernos y se despertaron conciencias respecto a la Guerra del Vietnam, la libertad sexual, etc., etc. La ocasión y las formas, evidentemente, dieron paso a la revisión de las cláusulas del Contrato Social. ¡Rousseau había resucitado!

j.manueleon@hotmail.com

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