COLPISA, Bangkok
Los generales que gobiernan Myanmar, la antigua Birmania, están acusados de ser inmensamente ricos, mientras que la población del país, que en otra época fue uno de los más prósperos de Asia por sus riquezas naturales, se hunde cada vez más en la miseria. Los máximos responsables de la Junta Militar "son muy ricos, están forrados de dinero", asegura el analista refugiado en Tailandia Aung Naing Oo.
Desde la imposición en los años 60 de la "vía birmana hacia el socialismo" por parte del dictador Ne Win, el Ejército (llamado "Tatmadaw" y que cuenta con más de 400.000 hombres) puso en marcha la nacionalización de los sectores industriales y comerciales, hasta convertirse actualmente en un actor determinante de la economía del país.
El régimen destina sólo el 0,3% a la sanidad y el 1,3% a la educación, según la ONU. La renta per cápita es de 235 dólares al año, según el Fondo Monetario Internacional.
El especialista en economía birmana en la Universidad australiana de Macquarie, Sean Turnell, estima que el monto de las reservas en divisas extranjeras que disfruta la clase pudiente birmana asciende a 4.000 millones de dólares y estas reservas "aumentan en 150 millones de dólares al mes". "Sólo los más altos mandatarios del régimen tienen acceso (a esas divisas)".
La Junta lleva un tren de vida fastuoso como quedó reflejado en las imágenes difundidas en internet a finales de 2006 de la boda de la hija del presidente birmano, Than Shwe. Mientras, la población birmana, que ronda los 50 millones de personas, se ha hundido en la miseria en las últimas décadas, sobre todo si se compara con la evolución seguida por los países vecinos.
"Mientras que la mayoría de países de Asia han progresado en materia de libertades políticas y de desarrollo económico, Myanmar se ha atrofiado", denunció un informe de la organización Grupo Internacional de Crisis. Tras su acceso al poder en 1992, el generalísimo Than Shwe aceleró el repliegue del país en sí mismo, en la misma medida que aumentaban las críticas de Occidente, especialmente de EEUU y Gran Bretaña. Desde hace más de una década, sobre el régimen recaen fuertes sanciones estadounidenses y europeas que aumentaron tras la represión de las protestas por la carestía de vida.
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