EFE, Beirut/Jerusalén
El Ejército libanés penetró ayer en las zonas del Monte Líbano donde durante varias horas se produjeron intensos combates entre milicianos drusos -integrantes del Gobierno del país- y del grupo chií Hizbulá en lo que ha supuesto una ruptura de la tregua que había permitido apaciguar Beirut y la ciudad de Trípoli en un enfrentamiento que ha causado al menos 42 muertos y 164 heridos.
Estos hechos llevaron al Consejo de Ministros a reunirse de urgencia para estudiar el nuevo rebrote de violencia. La televisión mostró a los camiones del Ejército penetrando en la ciudad de Aley, sin que cesara el fuego cruzado.
En Hasbaya (sur) los drusos del Partido Socialista Progresista (PSP), seguidores de Walid Yumblat y aliados del Gobierno, entregaron sus sedes al ejército, mientras que Yumblat -furibundo enemigo de Hizbulá- multiplica los llamamientos a la calma.
En una declaración a la televisión LBC, Yumblat instó a sus partidarios y a los de la oposición a que contribuyan con el Ejército para que pueda desplegarse en el sur. Pidió a Hizbulá y a su jefe, jeque Hasán Nasralá, que no haya agresión contra los civiles en la montaña. "La venganza no tiene sentido porque puede dejar consecuencias". Dijo que no acusaba a Hizbulá, pero estimó que todos deben ceder para que el Estado se haga cargo de la situación.
Pidió a Nasralá que "separe los sentimientos personales hacia mi persona de la población que debe ser tratada con dignidad".
Yumblat está estrechamente aliado al primer ministro libanés, Fuad Siniora, y al jefe de la mayoría parlamentaria, Saad Hariri, y tanto él como Hariri han sacado estos pasados días a sus milicias a las calles para contrarrestar la presencia de las milicias de Hizbulá, pero estas últimas se han impuesto con claridad.
Así, el Gobierno se ha visto obligado a revocar las dos decisiones que más habían enfurecido a Hasan Nasralá: la prohibición de la red propia de comunicaciones de Hizbulá y el cese del responsable de seguridad del aeropuerto de Beirut, cercano al movimiento chií.
Este actitud del Gobierno ha sido interpretada como una nueva victoria de Hizbulá en un momento de grave crisis en el país, aunque aún no han logrado su objetivo último: replantear el reparto de poder en el Gobierno y en las instituciones del país, pues el actual reparto es desfavorable a los chiíes.
Por su parte, los ministros de Exteriores de 18 países de la Liga Árabe dijeron que enviarán de inmediato al país un comité para reactivar una iniciativa árabe que busca resolver pacíficamente la crisis política libanesa.
El anunció fue hecho tras una reunión extraordinaria de los ministros en la sede de la organización panárabe en El Cairo, convocada para buscar una salida a la crisis libanesa, que ha desembocado en combates entre partidarios del Gobierno y la oposición.
Sin embargo, Siria, uno de los países con más influencia sobre la milicia Hizbulá junto a Irán, advirtió ayer de que el conflicto es un asunto interno y de que no piensa intervenir para apaciguar al grupo.
Israel, el otro gran actor de la zona, observa cuidadosamente la crisis del Líbano, pero, por el momento, no intervendrá, declaró ayer el viceministro de Defensa, Matan Vilnaí, en la radio del Ejército. Israel está preparado por si la crisis del Líbano deriva en una nueva guerra civil, indicó Vilnaí, que advirtió de que la situación actual podría conducir a una toma del Gobierno por parte de Hizbulá.
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