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Peligro, se contagia

Los expertos advierten de las resistencias de las bacterias de las enfermedades infecciosas y de la posibilidad de que el cambio climático ayude a importar dolencias tropicales como la malaria. Las enfermedades de transmisión sexual como la sífilis han experimentado un aumento en Canarias en los últimos años.
12/may/08 07:29
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LARA CARRASCOSA, Tenerife

Estaban aquí antes que el hombre y todo parece indicar que no piensan dejarnos. Son las bacterias. Cada vez más resistentes a los medicamentos por la mala utilización de éstos. También preocupan los parásitos que causan enfermedades que están saltando las fronteras.

Todas ellas son enfermedades infecciosas, que se contagian, y con las que hay que tener mucho ojo para que no se salgan de madre.

Aparte de la gripe, que es la reina de todas las infecciosas, la varicela es la enfermedad que a más personas afectó en Canarias. Según datos de 2007, se produjeron 18.057 casos, lo que supone una tasa de 954,34 por cada 100.000 habitantes. La cifra corresponde al registro de Enfermedades de Declaración Obligatoria en las Islas, aunque algunos expertos señalan que no es fiable al cien por cien. El personal médico es quien tiene que rellenar un formulario para informar de que una persona padece esta dolencia y no todas las veces se hace "por gandulería", aseguran los expertos.

Por detrás de la irritante varicela, la tuberculosis respiratoria afectó a 287 personas en Canarias en 2007, lo que arrojó una tasa de 14,45 por cada 100.000 habitantes.

Francisco Martín, subdirector médico y especialista en Medicina Interna de La Candelaria, explicó que "en los últimos 15 años, sobre todo por el sida, se han visto más casos de tuberculosis". También influyen en el repunte de esta enfermedad la inmigración y las condiciones socioeconómicas. "La tuberculosis se cura perfectamente, pero el tratamiento es de seis meses", detalla el doctor Martín. Lo que ocurre es que personas marginadas o con otros problemas añadidos como las adicciones "no toman bien" los tres medicamentos diferentes que son necesarios para matar al bicho (de la familia del mycobacterium). Por lo tanto, no se le cura la tuberculosis y fácilmente esa persona puede contagiar la enfermedad.

Esa toma de fármacos irregular ha causado una mutación: la tuberculosis ultrarresistente. "En Canarias no llega al 5%", aclara el subdirector médico de La Candelaria, pero lo cierto es que cuando, por las características socioeconómicas del enfermo, intuyen que pueda no tomar correctamente la medicación se ven "obligados a tenerlo dos, tres y cuatro meses en el hospital". Todo para evitar un mal mayor.

Otra enfermedad que preocupa es la sífilis y no porque haya desarrollado resistencia a los medicamentos. "El microbio es exquisitamente sensible a la penicilina, una sola inyección basta", según Francisco Martín. Este mal, indivisiblemente asociado a la actividad sexual, ha experimentado un auge importante en los últimos años, al igual que otras enfermedades de transmisión sexual. En 2007, se declararon en Canarias 237 casos de sífilis, lo que supone una tasa de 11,93 por cada 100.000 habitantes.

"Con el sida se les cogió mucho miedo a las relaciones sexuales sin protección, pero a mediados de los 90 parece que se perdió ese miedo". La infección gonocócica (la conocida como gonorrea) afectó a 163 personas en 2007 en Canarias, una tasa de 8,21 por cada 100.000 habitantes.

Que las enfermedades de transmisión sexual todavía sean de las más de mayor tasa habla mucho de una sociedad que ha avanzado, pero no tanto como parece. Hemos conseguido acortar distancias y poder viajar a todos los rincones del mundo y adquirir productos manufacturados en cualquier país, por muy lejano que esté. Todo esto, sumado a los movimientos migratorios, acerca otras bacterias y parásitos.

"En 2006 tuvimos alrededor de 50 casos de malaria declarados, todos ellos de personas que habían viajado fuera", explica Basilio Balladares, director del Instituto de Medicina Tropical de Canarias. "Ninguno de ellos ha muerto", añade. No obstante, este experto en enfermedades tropicales asegura que "cada vez se ven más casos", pero que son "todos importados".

La puntualización es necesaria, ya que el cambio climático está provocando diversas alarmas, sobre todo debido a las cálidas temperaturas de Canarias y a su cercanía con África.

El subdirector médico de La Candelaria opina que "no nos tenemos que preocupar", que en España hay medidas higiénicas y medios suficientes para acabar con el mosquito que la transmite, si llegara hasta este ámbito.

El director del Instituto de Medicina Tropical subraya que no hay que dormirse en los laureles. "Hay que saber qué está pasando para poderlo controlar". Además, advierte de que el aumento de temperaturas que va asociado al cambio climático hace que se acorten los ciclos biológicos de los mosquitos, lo que "multiplica su número".

Pero que no cunda el pánico, las enfermedades tropicales necesitan de un "vector", es decir, un animal de la categoría de los artrópodos (mosquitos, chinches, garrapatas...) para transmitirse a las personas. Por eso también se las llama "enfermedades importadas", porque las trae sobre todo el turista y no los inmigrantes, como se piensa.

"Sabino Puente, que es un médico del Instituto Carlos III especializado en enfermedades tropicales, ha dicho que los casos de enfermedades importadas que traen los turistas han subido casi un cien por cien los últimos años", relata Balladares, que guarda en su memoria más de un caso de bacterias o artrópodos que han saltado fronteras. Es el caso del Aedes Albopictus, un mosquito que no existía en Europa y que se extiende rápidamente en Barcelona, tras la llegada de unos cuantos ejemplares en un cargamento de ruedas que provenía de China. "Los servicios de Salud Pública tienen que estar muy pendientes de lo que está pasando", repite.

Los peligros de viajar

Ahora que se acerca la época, a los que van a viajar fuera de España se les recomienda preguntar a su médico de cabecera. Éste les derivará a Sanidad Exterior, donde les informarán de qué vacunas son obligatorias según el lugar al que se desplacen. "Hay que viajar, pero también tener un cuidado exquisito con la alimentación", aconseja Basilio Balladares. Por su experiencia sabe que más que casos de malaria o fiebre amarilla los viajeros traen normalmente como molesto souvenir un parásito intestinal. "Nunca hay que bañarse en lagos ni en ríos sin antes haber confirmado que no hay parásitos", apunta. Se llaman "esquitosomas" y son parásitos que viven en ciertas aguas como en el Nilo o en muchas cataratas de Mali. "Entran por la piel, van a las venas del intestino o de la orina y terminas orinando sangre, generan incluso tumores", detalla.

Pero no hace falta irse tan lejos para encontrar bichos tan persistentes. Los estafilococos traen de cabeza a los científicos y médicos de los países desarrollados. Estas bacterias, identificadas en ocasiones con los llamados virus de quirófano, evolucionan y desarrollan resistencias a los medicamentos. "Los estafilococos eran hasta hace poco sensibles a la penicilina, pero ya prácticamente ninguno lo es", explica Francisco Martín, subdirector médico de La Candelaria. "En los últimos años, algunos son resistentes a la meticilina", un componente que antes acababa con ellos rápidamente. Así, cuando una persona presenta una infección por estafilococos tiene que ser aislado para evitar contagios.

El problema de la resistencia a los medicamentos, definida por Martín como "una lucha continua", es "el mal uso de los medicamentos", en opinión de Basilio Balladares. No completar los tratamientos médicos es lo que hace fuertes a estos bichos. "El parásito y la bacteria son lo suficientemente inteligentes", advierte el director del Instituto de Medicina Tropical. "En la segunda o tercera generación van a ser resistentes", añade.

De hecho, el Departamento de Microbiología y Medicina Preventiva del HUC ha puesto en marcha recientemente un sistema de vigilancia activa con estudios epidemiológicos moleculares que tienen un fuerte impacto en la reducción de estas infecciones.

Todas estas enfermedades preocupan porque están aquí para quedarse . Se podría utilizar la máxima sartriana de que "el infierno son los otros". Sobre todo si tienen una enfermedad contagiosa.

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