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EN EL CAMINO DE LA HISTORIA JUAN JESÚS AYALA

El riesgo como protagonista

12/may/08 07:28
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A veces no es la intención de cada cual ante una situación límite lo que decide, lo que determina, y, sobre todo, cuando se camina al filo de la navaja o nos encontramos ante un abismo de compromisos, se dificulta que mediante la razón perfectamente enmarcada se pueda dar satisfacción a lo que se persigue y sea el riesgo lo que nos pone en trance de lograr lo que se pretende.

El riesgo muchas veces hay que correrlo y darle el testigo para que sea protagonista. Y con ello no es que desde una situación irresponsable se quiera avanzar. No. Simplemente es que existen cuestiones importantes tanto en la vida de cada cual como en las de una colectividad que pueden estar sometidas a la influencia de un liderazgo o de un posicionamiento político o gubernamental, si se quiere.

El riesgo, cuando asume el mando ante una decisión que hay que tomar, lleva implícito el arrebato de la aventura, pero también se acompaña del estímulo que hace que esa decisión se enriquezca y se dote de unas perspectivas más halagadoras que lo que se resuelve por la vía de la parsimonia, del debate entusiasmador o del soliloquio impenitente.

El riesgo que se corre ante situaciones adversas, casi siempre es así, da a las personas o a las colectividades que en un momento determinado tienen que encarrilarse hacia ahí, una fuerza que hasta el momento daba la sensación que se carecía, y mediante ese dinamismo arrollador no hay barreras que impidan llegar a la meta, la que sea.

Bien es verdad que el riesgo como tal no ha tenido sus defensores, porque en realidad se acompaña del temor al fracaso, puesto que al caminar por unos linderos ciertamente comprometidos se puede no llegar a ningún sitio, pero sí que es enriquecedor no sólo en los momentos que lo propician sino una vez que se ha concluido lo que se tenía in mente.

Y si se ha llegado desde su protagonismo a la realidad pretendida, entonces se despunta por encima de los demás, se logra lo que parecía imposible y desde el riesgo como protagonista se dignifica no sólo a la persona sino, más aún, a los pueblos que no tienen otra alternativa que circular por ese camino, si pretenden llegar al objetivo deseado.

Muchos pueblos por no correr riesgos se han quedado en eso, en inservibles, en la cuneta de la historia, despersonalizados y sin futuro hacia el que dirigir sus pasos.

 

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