Mansión del Garoé
Hoy evoco y presiento tu afanar
prolongado en el alma de la Isla,
en los pueblos de paz enriquecida
donde baña la mar el litoral.
Y escudriño en tu ofrenda y en tus halos
ese amor que se siente al respirar,
el fulgor de desvelos y de abrazos
al que pisa tus rocas sin igual.
Esos trazos que atisbo rojiblancos
colorean de leyendas tus alisios
y hacen de la danza relicario
de tu suelo volcánico y querido.
Acantilados de hondura te circundan,
y el Faro de Orchilla, meridiano cero,
vigila en la mar a los veleros
o a la tabaiba que asombra y que pulula.
Y qué decir de la Virgen de los Reyes,
de su Bajada y real punto de encuentro
que desde Sabinosa en andas del isleño
recorre los lugares y asila al penitente.
Y lagarto de Salmor y tus volcanes,
los cardones, dragos y chumberas,
las encinas, hayas y brezales
te descubren y vibran a tu vera.
Las sabinas buscan esas formas
retorcidas a golpe por los vientos
y milenarias a través del tiempo
muestras son del paisaje que desborda.
Isla de Hierro, mansión del Garoé
verodal de la playa solitaria,
arcos de lava, cala y vergel,
salpicada de erupciones y remansos.
Juan Antonio López de Vergara y Batista
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