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TROMPULGA Y CHICHAPIÉ JOSÉ A. INFANTE BURGOS

Olores

9/may/08 01:25
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LOS ESTÍMULOS exteriores son captados por nuestros órganos sensoriales (vista, oído, gusto, tacto, olfato) y transmitidos al cerebro, que los procesa y traduce, para proporcionarnos la percepción y ubicación en/de los entornos determinados.

En general, proporcionan los datos vitales en los que nos movemos, con un abanico continuo desplegado abundantemente y del que, casi nunca, nos valemos en mínimos razonables. Las salidas del sol y las estrellas, el silencio y la música, sabores sosegados y rematados, acariciar un cabello y un sentimiento, oler una flor o a una mujer (un hombre)? No atendemos con detenimiento a la función y nos perdemos tres cuartas partes, o más, de la película. Desperdiciamos el 90% del espectáculo, por decir algo. La mayor parte de las percepciones, con desprecio, las botamos a la basura. En la jungla, o comes o te comen y no hay tiempo de chuminadas. Conscientemente, por la alteración -el día corriendo-, no aprovechamos las exquisiteces que nos abordan en cascadas o ríos generosos, dejando de absorber en nuestras antenas parabólicas un numeroso muestrario de emociones posibles. La existencia agobiada "de trauma" y acelerada "de rally" lleva aparejada la incapacidad de recaudación de espoleamientos, azuzamientos e incentivos del universo que nos rodea. La sobrevivencia, en esta sociedad tan competitiva, hace que nos convirtamos en autistas y tapados de los ambientes y dominios de la naturaleza. No somos capaces de ver un palmo por delante de la nariz, no oímos a nadie ni sabemos escuchar, no tocamos ni palpamos el cariño, no distinguimos la leche fresca y no empapamos ni la primavera o la sobriedad. A correr, macho (o hembra), ¡venga! Acelera, cagalera. Una montaña rusa de penares y pesares sin el contrapunto de aprovechamiento integral del chollo dinámico.

Entre los cinco sentidos clásicos, porque además parece que contamos o podemos contar con otras capacidades extrasensoriales (chackras, ojos en el centro de la frente, halos alrededor, visiones de futuro...), el que parece computar menor importancia es el olfativo y, salvo extremos acentuados (perfumes intensos o pestazos nauseabundos), la mayoría de las personas cree pasar de puntillas en su vida por toda la amplia gama de aromas que se producen incrustados. Quizás, junto con el gusto, sería el que menos votos obtendría en un concurso de "Gran Hermano" (la vista, indudablemente, es el más importante y sin tacto eres inoperante).

Sin embargo, ¡cuidadito!, la nariz es sumamente definitoria y el subconsciente, en este apartado concreto, juega un papel decisivo. ¿Quién no recuerda un verano en el Porís de Abona y el olor a mar o a jazmín en Barlovento? ¿Quién no vive aún de la colonia agria de su primera novia/o, en aquel Seat en Los Campitos? El olor de un mueble, de un libro, de una gasolinera. Está claro que no sólo importa el aspecto visual. Para encantar, se elige una buena música, un buen vino y velas de IKEA con olor a fresa. Con petalitos por ahí regados.

En los negocios, ¡fíjense!, existen en Europa y Norteamérica, qué no saben que inventar para producir y negociar, empresas especializadas, única y exclusivamente, en vender a tiendas al público productos relacionados con despertar las emociones positivas, imagen, generación de estados de ánimo con fragancias adecuadas. Conseguir extenderlas sutilmente por los negocios. Conozco una. Comercializa dosificadores y productos complejos de suavidad, diseñados para acceder al subconsciente y permanecer en la mente de los clientes, que en muchos casos pueden personalizar en una marca la sensación. Por ejemplo, aromas a cremas (tipo Marsella) implantados en mercados de cosmética. Cadenas de hoteles como Sheraton, tiendas de electrodomésticos como "Saturn" o "Douglas" y un largo etcétera ya lo hacen e imponen desarrollos estudiados propios, que identifican sus cualidades y ventajas. Los continentes y países pueden tener su aroma (África a salvaje, Oceanía a antípodas...). Hay fragancias que sugieren armonía, bienestar, relajación, limpieza, actividad... Podemos distinguir aquellas que transportan a la naturaleza en primavera, a bosques otoñales, a la ribera del mar, a espacios abiertos y cielos limpios. Hay dosificaciones que estimulan productos específicos como las flores, las frutas, la bollería caliente, el café o capuchino, el chocolate. Otras, que neutralizan y eliminan ambientes de tabaco, gimnasios, clínicas, vestuarios... Olores como la lavanda, el limón, el cerezo o el melón son unos campeones que incrementan las posibilidades de cierre de negocio.

Una coletilla pilla. La fragancia registrada de Santa Cruz es muy original, "A Refinería", aunque todos esperamos, señores de CEPSA, que sea ya terminal. ¿No?

infburg@yaoo.es

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