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COMENTARIO NACIONAL ANTONIO PAPELL

Las difíciles opciones de Rajoy

9/may/08 01:25
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Después de las defecciones de Zaplana y Acebes, que eran indispensables para que la formación conservadora pudiera comenzar a hablar de renovación, y luego del nombramiento de Soraya Sáenz de Santamaría, las bases populares, y muy especialmente las pertenecientes a la generación intermedia entre la joven Soraya y el propio Rajoy, han comenzado a exigir crispada e imperativamente al presidente del partido que comience a revelar quiénes formarán parte de su nuevo equipo.

Sucede sin embargo que el congreso de junio se está planteando desatinadamente. Si junto a la candidatura de Rajoy, ya explicitada con toda solemnidad, hubiera otras más, el aparato popular iría tomando posiciones, como hicieron los cuadros socialistas en vísperas del congreso del 2000 que elevó a Zapatero al liderazgo, en reñida competición con otros aspirantes. Pero la voluntad implícita pero evidente de Rajoy de concurrir en solitario, así como sus prisas por conseguir cuanto antes los avales necesarios están convirtiendo el congreso en una especie de plebiscito. Así planteado, el cónclave aclamará sencillamente al líder, quien dispensará sus dádivas entre quienes estén más próximos a su persona. Porque a estas alturas de la política, ya nadie en su sano juicio puede creer que este congreso servirá realmente para fijar unas bases ideológicas bien meditadas.

Hasta cierto punto, tiene razón Mayor Oreja cuando dice que, en esta coyuntura tan delicada, sería bueno que los "santones" del partido -Aznar, Rato, él mismo- intervinieran de algún modo en la adopción de una estrategia de renovación a largo plazo que otorgara al PP posibilidades de salir de la crisis en que le ha sumido esta segunda derrota. Pero, en realidad, lo que habría de hacerse es un congreso en toda regla, con igualdad de oportunidades para todos quienes piensen que tienen algo que aportar.

Nuestro modelo de partidos es evidentemente presidencialista. Pero parece olvidar Rajoy que esta característica pasa por la condición de que el presidente llegue a ser incuestionable. Nadie reprochó sus designaciones arbitrarias a González ni a Aznar. Nadie ha discutido a Zapatero el nombramiento de Bono como presidente del Congreso. Pero Rajoy no tenía el peso específico suficiente para nombrar a una jovencísima portavoz parlamentaria sin levantar una colosal polvareda.

En definitiva, Rajoy se aboca a un error irreversible: si consuma este planteamiento autocrático del congreso y del partido, comenzará a padecer una creciente y explicable oposición interna. Y la única forma de evitarla es legitimándose ante sus correligionarios, compitiendo con ellos en buena lid, reconociéndose "primus inter pares" y no líder indiscutible, todavía ungido por el dedo de Aznar y con dos graves derrotas a sus espaldas.

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