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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Otra entrega de buenas intenciones

8/may/08 07:29
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CONOZCO al director de una oficina bancaria que el otro día fue a una convención anual de su empresa, celebrada en tierras peninsulares. Un banco importante, entiéndase así, cuyo nombre omito por razones obvias. Había muchos directores y directivos. Una multitud. El caso es que el sujeto al que me refiero regresó a Tenerife más contento que un belillo con el coche tuneado. El gran jefe de su banco lo había saludado personalmente. "Le llamó la atención mi nombre", le iba contando a todo el mundo.

Bueno, se trata de una excepción. Lo normal es que ningún director de banco sea un mentecato redomado. Por la cuenta que les trae, las grandes corporaciones financieras no eligen a imbéciles para que les dirijan las sucursales. Los directores bancarios con los que he tratado son personas bastante agudas en sus razonamientos. De forma concreta estoy pensando en uno de ellos, natural de León pero con residencia y curro en Madrid. En la Gran Vía, para ser más precisos. Un hombre afable donde los haya al que, sin embargo, no le tiembla el pulso cuando debe ejecutar una hipoteca o negar un crédito. De lo mucho que comentábamos hace ya algún tiempo, recupero una frase lapidaria: "Al mejor pagador lo quiero ver yo sin un duro encima". O sin euro; a los efectos de la reflexión, lo mismo da.

Si hemos de aplicar tan verídica máxima a estos alrededores, le aplaudo a Paulino Rivero sus intenciones de cumplir, "al pie de la letra", lo prometido sobre la financiación de las hipotecas. La pregunta al respecto, empero, es tan lacónica como desesperanzadora: ¿con qué dinero?

El primero de todos los falsos nuevos ricos que han surgido en este país es el Estado. O cualquiera de sus administraciones, para hablar con más propiedad. El Gobierno central habla de gastar millones y millones de euros en obras públicas para paliar el paro. Al Ejecutivo canario se le exige lo mismo. Pero, insisto, ¿con qué dinero?

Cierto que las cuentas públicas están, a día de hoy, saneadas. Lo que ocurra mañana está por ver. Basta recordar que los presupuestos públicos se elaboran a partir de unas estimaciones sobre la recaudación de impuestos. Si la actividad económica aumenta, pues superávit. Que es precisamente lo que ha ocurrido durante la última década. En caso contrario, pues déficit. Una lacra ancestral, dicho sea de paso, para la economía española. No hace falta añadir que las perspectivas de crecimiento, y por lo tanto de ingresos para las cuentas públicas, son ahora peores que hace unos meses. Eso sí, con la circunstancia agravante de que no se atisba una mejoría, al menos en lo que queda de año. En definitiva, no creo que la buena voluntad de Paulino Rivero -ni la de Zapatero en el ámbito nacional- pueda materializarse en hechos concretos.

Queda una última pregunta ante el nuevo aumento del desempleo en Canarias: ¿eran demasiado pesimistas quienes hace más de un año vaticinaron lo que se nos venía encima? Si no me falla demasiado la memoria, y ahí están las hemerotecas para quien albergue dudas, el calificativo más suave que recibieron fue el de catastrofistas. En realidad, la mayor de las catástrofes es la necedad colectiva.

rpeyt@yahoo.es

 

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