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Banderas de nuestros padres

8/may/08 07:29
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1.- Cada uno tiene la bandera que le da la gana; y hace con ella lo que debe. Fíjense en Zapatero , que no se levantó al paso de la enseña nacional norteamericana durante un desfile y eso nos ha costado ocho años de retraso en las relaciones con aquel gran país. Yo en mi despacho tengo cuatro banderas; una, la de las siete estrellas verdes, firmada por Antonio Cubillo, que es un patriota y buen amigo mío; la constitucional de España y la estatutaria de Canarias con los perros, obsequio de mi estimado Salvador Iglesias Machado. Y la republicana, que me regaló mi también buen amigo Fran Padrón . Algunos jueces, fíjense ustedes, que ejercen en Canarias han sido reticentes a la hora de colocar la bandera de nuestra Comunidad Autónoma en sus despachos; prefieren exhibir sólo la española. Y yo sé lo que digo.

2.- Cada uno venera, saluda, reconoce y respeta las banderas que quiera. Yo las acepto todas y, sin embargo, cuando en un acto oficial la gente canta el arrorró, ese himno que no es himno sino canción de cuna, tarareo por lo bajo el pasodoble Islas Canarias, versión sabandeña, que me conmueve más que los melifluos (aunque bellos) Cantos Canarios de don Teobaldo Power . Consecuencias del gusto musical. Las banderas, las banderas de nuestros padres, también cuentan. Esa de las aspas de St. Andrew, que tiene origen escocés, seduce a los tinerfeños; el color amarillo pájaro embarga de emociones a los canariones; son las cosas del querer. Imponer las banderas es un error; imponerlas en las romerías, paseos romeros, bailes de magos y fiestas de guardar supone un error mayor, porque el mago es cabezudo; el patriota, sensible; y el que ha sufrido persecución policial por una bandera la amará siempre.

3.- Es, pues, de gobernantes inteligentes respetar los símbolos, cualesquiera que sean, por muy estrafalarios que parezcan. A los siniestros les va la calavera, pues venga a lucir las calaveras; a los monárquicos les mola el Toisón, pues venga a llevarlo quien se lo merezca; a los militares les entusiasma la Laureada de San Fernando, pues vamos a llenar de laureadas a quienes se las ganen. Pero nunca jugar con las banderas de nuestros padres, de nuestros amigos, de los patriotas, de los nacionales, de los rojos, de los requetés, de los juancarlistas y hasta de los homosexuales, que la tienen (la bandera) con los colores del arco iris. Lo digo, Maribel , para que no hagas más nunca una guerra del asunto. No vale la pena.

achaves@radioranilla.com

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