Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

EN EL CAMINO DE LA HISTORIA JUAN JESÚS AYALA

La "Crucifixión" de Lorca

8/may/08 07:29
Compartir
Edición impresa .

Cuando uno era estudiante de Medicina en la Granada de Federico García Lorca no sólo nos adentramos en las oportunidades y curiosidades que ofrecía la Anatomía o la Histología para ir descubriendo los misterios de los cuerpos muertos sino que, además, simultáneamente apareció el deseo insaciable de conocer al poeta, la obra del poeta.

En aquellos años continuaba siendo un poeta maldito, su nombre no figuraba en calle alguna de Granada y su pueblo natal, Fuentevaqueros, permanecía cerrado a cal y canto a cualquier pregunta que se pudiera hacer sobre su vida, su familia, su niñez.

En aquel pueblo cuando lo visitamos la soledad de su silencio nos golpeó la conciencia y confundimos la curiosidad con el espanto y el miedo con la sumisión más escandalosa.

No logramos entender cómo se pudiera seguir con los labios sellados ya pasados años del crimen aquel de Granada y con la pena negra de seguir buscando su vida en el mutismo y en la clandestinidad. Ni tan siquiera su Albaicín nigromántico y gitano ponía alegría a la leyenda, y menos el esplendente mirador de la plaza de San Nicolás, desde donde se contempla al frente Sierra Nevada y abajo la Granada bella y dormida, eternamente dormida.

Cuando ahora parece que, al fin, se va a incorporar a su época neoyorkina el poema "Crucifixión", que escribió el año l929 y que había llegado a nuestras manos a través del amigo aquel que lo había copiado en la biblioteca de la universidad de unos "papeles" de Millares, condiscípulo de Lorca en la Residencia de Estudiantes madrileña, nos llena el ánimo de una nueva ilusión, como si fuera que tras su pérdida de años se produjera un rescate no sólo de la memoria sino de esas imágenes poéticas, vivaces, fulgurantes, retorcidas a las que había que buscarles sentido en la traducción de la tormentosa poesía de sus últimos tiempos.

Pero ahí está el poema. Lo tengo de nuevo. Creí que lo había perdido definitivamente, pero el azar de una nueva búsqueda lo encontró en una escondida carpeta donde se amontonaban amarillentas cuartillas llenas de viejas cosas.

El poema lorquiano "Crucifixión" no sólo acaricia el pasado que la vida estudiantil granadina regaló a un joven de 17 años que había llegado desde Canarias a estudiar medicina sino que hoy, ya andando el tiempo, cuando la lejanía de las cosas parece ser lo que domina, cuando se cruzan sentimientos y lecturas, el poeta inmortal y la nostalgia de tantas y tantas vivencias granadinas se agolpan dentro de sí y en el recuerdo.

Y es grato que sea así. Que lo vuelva uno a vivir y que alguien también te lo cuente. Te diga de Granada despertando un sinfín de cosas que la memoria antigua tenía en el olvido.

Federico García Lorca, su poesía, fue todo un referente para los que en momentos de desasosiego, de incertidumbre y hasta de compromiso vital que venía marcado por los vaivenes de una juventud heredera de la literatura de Francoise Sagan o de los discursos filosóficos de Herbert Marcuse, sí que fuimos capaces de soportarlos y de llegar a la liberación mental por la intermediación de sus versos. Y tampoco ciertamente tranquilizadores sino teñidos por la tragedia amarilla de los pueblos de España. Pero que hizo que el salto intelectual de un lado hacia otro nos dispusiera para penetrar en el estro lorquiano que en el poema recuperado llega a su cenit.

Cuando Granada canta y desde las islas la memoria se descontrola pasa que las letras de un lado se cruzan con las del otro fabricando recuerdos y desentumeciendo historias. Y eso está bien.

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: