Muchas hectáreas han ardido en La Gomera. El fuego ha afectado al sector primario, a las fincas agrícolas, a los cultivos de aguacates, mangos, hortalizas y palmeras. Han muerto animales domésticos, se han quemado unas quince viviendas, redes de riego, algún coche y también motocultores. La voracidad del incendio afectó a los municipios de Hermigua, Agulo y Vallehermoso, diezmando considerablemente un área de gran relevancia ecológica. Una vez más se dieron cita: la casualidad, el infortunio, el viento, el calor y la particular orografía del terreno. En el lado opuesto, luchando contra la suma de estos factores, el personal humano y los medios técnicos de las Unidades de Bomberos, Ejército, Protección Civil, Cruz Roja, Gobierno de Canarias, Cabildo, Ayuntamientos, etc., quienes se enfrentaban a la adversidad con el recuerdo latente de otro gran incendio con trágico resultado que tuvo la misma Isla como escenario.
Los ciudadanos, preocupados por la noticia, estuvimos muy pendientes de la información que facilitaba la televisión, particularmente desde "la programación canaria", y sin quererlo fuimos testigos de la falta de rigor, que no de profesionalidad, de los informantes. Admito y justifico que en medios de ámbito nacional se confunda un topónimo, acentuándolo erróneamente, cambiando una consonante o una vocal, pero que esto suceda entre los reporteros locales es inadmisible. El profesional debe documentarse y contrastar datos, pero también debe tener un poco de lo que antes se llamaba "cultura general", un mínimo de conocimientos de historia y geografía, al menos de la región donde se trabaja, y manejar con fluidez el lenguaje. No solo es necesario dar bien en cámara y tener una voz con buen color, hace falta convencer, trasmitir, emocionar e informar con seguridad.
Comenzando por el uso indebido de la acepción "conato", en lugar de "foco" del incendio, a dar paso al presidente del Cabildo de La Gomera paso situándolo en La Palma, todo ello con la sorpresa y rectificación del Sr. Curbelo. Luego llegó una reportera que narraba la crónica hablando de los pueblos del norte de Tenerife, en lugar de los gomeros, y un profesional de los medios de comunicación que, micrófono en ristre y tan agitado como si estuviera él solo apagando un incendio, hablaba desde La Palma para explicar las tareas de prevención que se acometían en esa Isla y en esta época del año, eso sí, en toda su crónica utilizó reiteradamente el "pa" en lugar del "para".
Les supongo a todos estos informadores titulación académica o experiencia constatada, pero en esta ocasión han sido superados en sus intervenciones, y con creces, por los políticos y portavoces, quienes han hecho gala de un autodominio a la hora de transmitir emociones, de una mesura en la palabra y de un tono de voz pausado, sin alarmismo, tranquilizando a la ciudadanía. Nada que ver con la escasa capacidad pulmonar de los reporteros jadeantes.
Los hubo y los hay que opinan y se implican en la noticia. Quieren emular a los corresponsales de guerra y gesticulan, jadean por el supuesto agotamiento, vaticinan resultados y pronuncian, ante el paso inexorable del tiempo, las mismas frases y con los mismos términos, parece que desearan cambiar el rol de informadores por el de protagonistas. Se busca el sensacionalismo, el contar más de lo que sucede, sin darse cuenta de que se alarma innecesariamente a la población y se confunde a la audiencia, máxime si se da la circunstancia de un desalojo e interrupción de las líneas telefónicas. En estos casos, la tarea de tranquilizar a los familiares y amigos puede y debe ser más importante que el repetirse con la misma crónica, habida cuenta que el pánico colectivo es mal consejero y que la distancia aumenta la sinrazón.
Deberían los medios de comunicación visionar sus emisiones a toro pasado, escuchar las narraciones, hacer una reflexión conjunta entre responsables y reporteros, analizar qué ha sido verdad de lo que han contado, cuánto hay de fábula en lo supuesto y qué de lo anticipado luego no ha sido realidad. Si este análisis se lleva a cabo mejorará nuestra salud como consumidores de información y aumentará la credibilidad del medio.
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