¿QUÉ PREFIERE USTED?, lomo ibérico (PSOE), jamón curado de la dehesa (PP) o pata asada de cochino canario (CC).
Pues supongo que lo normal es que le apetezca combinar. Igual no le gusta ni el cerdo. Es posible que sea partidario de la carne de vacuno, de pollo, de pavo, de cordero o de cabra, ¿Qué sé yo?, hasta puede haber probado la de canguro o avestruz y, en ese caso, guiarse por su propia opinión sobre cada una de ellas. Más acartonada, más jugosa, más sabrosa, menos grasienta... Puede, como se dice, que usted sea más de pescado. Una viejita, un chicharrito, que aseguran es más saludable para componer proporciones adecuadas a las necesidades del organismo, y en esta opción, basada en los productos del mar, ¿unos langostinos, una langosta o un pepino (de mar)? Guay, puede venir de perlas, dependiendo siempre de quién, con un vinito rosado, fresquito, de Arafo y unas papitas de Vilaflor. Pocos se negarían, aunque haberlos, haylos. En esos mundos se alaba la dieta mediterránea y en las Islas ntiendo, con un poco de imaginación, podríamos muy bien alardear de dieta atlántica, cimentada en gofio y con los excelentes platos, de formas de vivir, que se dan por aquí. La mayoría de especialistas en nutrición coinciden en que no es necesario, si usted no lo desea, probar la carne y hay personas que lo suplen razonablemente con soja o frutos secos. ¿Quién sabe si le hace bien a su metabolismo la alimentación vegetariana, únicamente basada en verduras, cereales, o valeriana? Cuatro piezas de fruta, como mínimo al día aconsejan, por lo de las vitaminas y minerales. Con pastas, a los deportistas les conviene por la riqueza en carbohidratos, de tipo seco y elaboraciones de sémola. No conviene olvidar la leche y derivados, por el componente de calcio y siempre con huevos (salvo los lactoovovegetarianos) en su actividad cotidiana. Todos los ingredientes posibles, de una manera u otra, irá combinándolos a lo largo de su vida y de cada tipo de manjar e ingerirá unas porciones determinadas según sus posibilidades, gustos y conveniencias. Habitualmente los aderezará con sabores, con sal, azúcar o/y especias, a su bola y lo que le incita a usted con limón, a mí con aguacate.
Quiero decir que cada uno mezclará como quiera, sepa y pueda su papeo, y seguro que, según pasan los años, evoluciona, toma un camino beneficioso al colesterol o regula por la marea de meter caña.
¿Por qué no, en política e inquietudes sociales? ¿Por qué no puedo yo ser de izquierda en lo social, de derecha en lo económico y del alma en lo canario? ¿O al revés, con lo último (o lo primero) igual? ¿Por qué tengo que compartir toda una extensa batería de posicionamientos sobre el abanico de problemáticas y sentimientos, que afectan a un universo electoral, votando como si de una secta se tratara o borregos desataran y persiguiendo, como iluminados visionarios, lo traducido a un color? ¿Por qué, si soy, socialista, comunista, verde? tengo que militar en contra del Plan Hidrológico o de menos presión fiscal, o si soy liberal, social-demócrata, conservador? en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo, o a favor de la guerra de Irak? ¿Por qué no puedo hacer mi propio menú y componenda?
¿No será que el 95% de la población ni es del PSOE ni es del PP ni de CC ni de nada? ¡Qué manía de encajonarnos! Está bien que ellos, los políticos, nos ofrezcan una carta determinada. Deben de estar convencidos de su material. Pero que no le echen demasiados potingues y condimentos, aquí no gusta eso mucho. Lo que demanda la población tiene que sustanciarse a base de buenos productos, limpieza, honradez y dedicación. Y, sobre todo, ¡mucho cariño! al cocinar. Hay que entender que los políticos son los gerentes de sus restaurantes o puestos en el mercado de tormentas de ideas y deben intentar que compremos sus mercancías. (Vote por la carne, vote por el pescado, vote por las verduras?).
Para ubicarnos con el símil político de digestión, relaciono a continuación las comidas que gustan a los canarios. Potajítos de berros, bubangos, garbanzas, lentejas o calabaza, cazuelitas de pescado con cilantro, pucheritos con piña y tumbo p'al escaldón, ropa vieja, papitas arrugadas con sardinas asadas, queso cabra y batata, viejitas guisadas, castañas asadas, carne cochino... Es decir, los platos típicos de la tierra, ligeros, con pocas grasas y no demasiadas artificialidades. Lo auténtico. El plátano, el aguacate, la papaya o el tomate.
A las comidas "internacionales", como los espaguetis, la paella, la tortilla española, la fabada, les mandamos un toque isleño. Un poquito de mojito. Por supuesto, las comemos, pero nos deleitan mejor con nuestra amalgama, batiburrillo, aleación o revoltillo.
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