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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Una alegría demasiado fácil

3/may/08 07:37
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Isaac Valencia, a la sazón sempiterno alcalde de La Orotava, me dijo hace ya tiempo, durante una entrevista, que a los señoritos de Santa Cruz les gustaba darse una vuelta de vez en cuando por el Valle de La Orotava y contemplarlo verde, aunque muchos de sus habitantes lo veían tan negro como su futuro. Nada más lejos de mi intención defender la política urbanística del primer edil villero, en esencia porque estoy convencido de que Valencia no descansará mientras en La Orotava y sus alrededores quede un terreno sin edificar -los espacios vacíos le causan pavor- o un camino rural que asfaltar. Sin embargo, he de reconocer que no le falta razón respecto a la forma que tienen algunos tinerfeños de contemplar la ecología. Una señora que vive precisamente en La Orotava, pero que debe trasladarse diariamente a la capital por motivos laborales, me decía el otro día, ahondando en esta idea, que los santacruceros desconocen la longitud de las colas que se forman en la autopista del Norte. Y también en la del Sur, claro, si bien eso no le afecta a ella. Por eso, según el parecer de esta distinguida dama, muchos ecologistas capitalinos ponen el grito en el cielo cada vez que se habla de construir una nueva carretera, o ampliar una ya existente.

A fin de cuentas, el ecologismo está bien siempre que se lo apliquemos a los otros. Por eso nos encontramos con una pudiente clase media europea -profesionales liberales, funcionarios de alto nivel, gente así- hipersensibilizada con la preservación del entorno natural de los países que visitan durante sus vacaciones. Los bosques alemanes llevan décadas quemados por la lluvia ácida, pero eso no importa. La auténtica catástrofe para estos amantes de lo rural es echarse al monte en Tenerife, o en donde sea, y ver que un mago ya no se alumbra con un quinqué, sino con una bombilla eléctrica. Si, además, cuenta en su vivienda con un televisor y un par de electrodomésticos, el turista en cuestión puede que hasta le reclame a la agencia de viajes la devolución del importe de sus vacaciones. Sobra decir que en su cómoda casa centroeuropea no admitiría que le cortase la electricidad ni un solo día.

De la misma forma, me pregunto si Los Verdes de Tenerife se alumbran con velas en sus ecológicas casas. Me temo que no. Más aún: estoy seguro de que serían los primeros en echarse a la calle si Unelco -ahora Endesa- les interrumpiese el suministro durante 24 horas. No se entiende, por lo tanto, que celebren con grandes alegrías el proyecto de cierre de la central eléctrica de Las Caletillas. Vaya por delante que mi afán por defender a Endesa es todavía menor que el de ser paladín de Isaac Valencia. Incluso pienso que dicha central está ahora en un lugar inapropiado, considerando el número de personas que residen en sus proximidades. Pero conviene subrayar lo de "ahora"; antes, no. Cuando se construyó no existían viviendas cerca. Fueron éstas las que se aproximaron a sus chimeneas, y no al revés.

Las empresas eléctricas son sociedades mercantiles y, como tales, su misión es ganar dinero. Sin embargo, no es menos cierto que la vida se nos complicaría bastante en el caso de que desaparecieran de la noche a la mañana. Un detalle que no suelen tener en cuenta algunos señores proclives al jolgorio fácil.

rpeyt@yahoo.es

 

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