Que suene el teléfono en casa a las ocho de la mañana le produce a uno cierto repelús. ¿Quién puede ser a estas horas? ¿Qué habrá pasado? Si al contestar (todavía en pijama y zapatillas), nos dicen desde el otro lado del hilo: "Felicidades. No sabía que fuera usted economista", uno cree que nuestro interlocutor se ha equivocado de número al marcar.
¡Pues no, señor! Las palabras eran para mí. Cuando mostré mi extrañeza, una vez que me hube identificado para salir de dudas, me dijeron:
-Soy Eduardo. Supongo que habrá leído usted hoy, en la columna "El gongo" de la última página de su periódico, el artículo que escribió sobre temas de economía...
-Pues no. Por una sencilla razón: el periódico no me ha llegado. Es demasiado temprano. Lo que no entiendo es que se haya publicado un trabajo mío en la última página. En primer lugar, porque a mí me tiene reservado el periódico un espacio en las páginas interiores; luego, porque mis artículos salen a la luz los sábados y hoy es lunes; y finalmente porque la economía es el último tema que yo me atrevería a elegir para publicar un trabajo en la prensa. No por capricho, sino porque yo de esas cosas nunca he entendido nada. Y sigo sin entender nada.
Cuando, una hora después, me llegó El Día, me di cuenta de que Eduardo Reyes tenía sus razones para llamarme y mostrar su extrañeza. Resulta que un señor, llamado don Carlos Acosta, publicaba en "El Gongo" del día 13 una columna centrada en asuntos económicos. Se me ocurrió llamar al periódico y me dijeron que, en efecto, uno de los redactores del diario mañanero tiene mi nombre y primer apellido. Pero como la señorita de la centralilla me informó sobre la ausencia, por unos días, del señor Acosta, tendré que esperar a su regreso para saber si su segundo apellido coincide también con el mío, aunque me parecería demasiada casualidad.
Me adelanto, sin embargo, a los acontecimientos y aclaro, no sólo a mis amigos, sino a mis lectores que si, a partir de este momento, leen ustedes un artículo en este mismo periódico firmado por Carlos Acosta y teniendo como tema central eso de balanza de pagos, bajón de la Bolsa, déficit comercial, economía sumergida, escalada del paro, dotación financiera, desaceleración coyuntural y otras menudencias por el estilo, no se les ocurra pensar que he sido yo el autor de tales comentarios.
Ya dije que no entiendo ni papa de temas económicos. De haber tenido amplios conocimientos sobre ellos, hubiera llamado por teléfono al alcalde de mi pueblo para ofrecerle mi asesoramiento y ver el modo de resolver tantos y tantos problemas municipales, y que no han llegado a buen puerto precisamente por falta de liquidez. (Creo que se dice así: ustedes me dirán).
A la vista de mis ignorancias en el tema que nos ocupa, don Ramón Miranda, sabedor de que "quien a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija", no me pedirá consejo en asuntos de tanta trascendencia y buscará otros horizontes más positivos. O más esperanzadores. Porque ustedes saben, tanto como yo, que los políticos de altura (ministros, subsecretarios, presidentes y asesores) son verdaderos artistas en eso de prometer y no dar. (Y perdónenme ustedes esta breve incursión mía en el terreno de la política, del que quiero huir inmediatamente).
Vuelvo al tema para decir que nunca he sido redactor de El Día, entre otras cosas porque no estudié periodismo; pero sí deseo aclarar que llevo más de cuarenta años como colaborador, aunque más de una vez lo haya hecho poniendo al pie cualquier seudónimo. Este detalle, por cierto, me ha dado más de un quebradero de cabeza porque sigue habiendo gente empeñada en que todo lo que se escribe en los periódicos sobre Garachico, y que no lleva firma al pie, ha salido de mi pluma. Como aclaración diré que hace muchos años, muchísimos años, que no utilizo seudónimos. Aquellas ocurrencias de "Mencey", "Espectador", "Daute", "Pueblerino", "Tinguaro" y "A. García" pasaron ya al olvido.
Cuando tenga oportunidad de hablar con mi tocayo periodista, le voy a rogar que, al escribir en nuestro periódico, coloque también su segundo apellido. Más que nada, para facilitar la labor de los lectores. Gracias de antemano, amigo.
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