No quizás en lo que afecta a sus límites geográficos como parte de la península Ibérica. Aunque? "tanto va el cántaro a la fuente"? Desde la humildad y subjetividad de este ciudadano (acaso ignorante súbdito) sí veo un deslizamiento por la pendiente de la desintegración de la España en que nací, fui criado, me desarrollé y esperaba dar mi último suspiro. Desintegración, desde mi punto de vista, por más que nuestro presidente del Gobierno, Sr. Rodríguez, haga loas hacia sí mismo por la "cohesión" que está propiciando con sus actuaciones. A lo peor está convencido.
Ocurre que este presidente que nos hemos dado (en nuestro pecado habremos de llevar la penitencia) hace de las palabras un permanente juego de confusión. De forma que una y otra vez tengamos que acudir a los diccionarios para reafirmar nuestras convicciones respecto de los significados de las mismas. Y esto empieza a tomar carácter de locura. No de que él se esté volviendo loco, no. Sí de que pretenda volvernos locos a quienes tratamos de mantener una respetuosa relación con nuestro idioma. Idioma, el español, que, gracias también a su entusiasta concurso, viene decayendo en cuanto a su uso en determinadas Comunidades, o taifas.
No es precisamente esa decadencia lo que manda el Artículo 3.1 de nuestra vigente y prostituida Constitución: "El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla". Vigente porque no se ha llevado a cabo su modificación. Prostituida, porque es el sentimiento que a uno le queda al ver cómo los miembros del Gobierno prometen "guardar y hacer guardar la Constitución", en presencia del notario mayor del Reino (otro que tal baila) y bajo la atenta mirada de S.M. el Rey, que no sé yo si se lo cree. No que no tenga asumido que es el Rey, pues el título II de la Constitución fija sus derechos. Pero la farándula que se monta ante sus ojos debiera hacerle recapacitar en cuanto a la veracidad de aquellas intenciones prometedoras.
El acto se realiza ante una mesa en la que se han situado un crucifijo, una Biblia y la Constitución. Y cuando veo prometer lo de "guardar y hacer guardar la Constitución" me asalta una tremenda duda. En los tiempos que corren, no sé si algún miembro del Gobierno es capaz de jurar ante el crucifijo y con la mano sobre la Biblia en presencia de quien actúa como notario mayor del Reino, y ante la atenta mirada de un presidente declarado por sí mismo anticlerical. Capaz que no. Prometen. Y así como se considera legalmente sancionable el "perjurio", no me parece que esté concebida como sancionable la figura del "perprometo". Y siendo todo esto así, que lo es, ¿por qué al Rey se le obliga en el artículo 61 a "prestar juramento"?
Claro que oír al Sr. Rodríguez decir "prometo guardar y hacer guardar la Constitución" puede significar algo distinto de lo que entendemos el común de los ciudadanos. Y aun el Rey. Si el Sr. Rodríguez dice que un transvase no es tal sino una conducción; que una crisis económica no es tal sino una desaceleración; que el socialismo no es sino una "centralidad progresista"; ¿por qué su promesa de "guardar y hacer guardar la Constitución" no ha de ser la de meterla en el fondo de un arcón y hacer que sus designados hagan lo mismo. ¿Quién dijo aquello de "queremos un Gobierno que no mienta"?
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