AMÍ me tocó la desagradable, injusta y negativa sorpresa que, además, afectó, aunque sólo fuera aparentemente, a mi prestigio personal y mi seriedad sin tener absolutamente ninguna culpa, sino cumpliendo estricta y fielmente mi parte del oportuno contrato. Por lo que este comentario es "un aviso a navegantes", para las personas que pueden caer en la misma perjudicial circunstancia. Perjudicial e inadmisible -aclaro- para quien contrata la póliza de seguro, pero por parte de la empresa aseguradora, la cual, aunque se escude en una ley que, sin dejar de serlo, es injusta, lesiva y absolutamente carente de consideración personal, tratándose además de una relación entre asegurado y asegurador de muchos años durante los cuales no ha habido sino afecto y respeto por parte y parte.
He pasado por la oficina de la firma para dar parte de un leve siniestro, consistente en un roce que dejó una señal. Me preguntaron si no había recibido una carta de la empresa. Dije que no, y se me entregó una copia en cuyo texto me daban cuenta de que, por haber pasado del número de partes de siniestralidad (por mi cuenta, creo que tres leves en lo que va de año), en virtud de un artículo de la ley vigente, no se me pasaba el próximo recibo al bando. Pregunté si no se podía prorrogar el contrato y me contestaron que no. O sea, debía entender rota la relación sin posibilidad de prorrogarla, aunque no conocía motivo alguno. Quedaba, pues, desatendido el parte que iba a presentar, que era otro roce accidental.
Puedo decir con toda libertad el nombre de la empresa porque no le debo nada y ella a mí sí, por lo menos en cumplimiento. Relato el hecho por lo nocivo que es para los usuarios, y creo que con revelarlo lo que explico es el porqué me siento perjudicado, como les pasará a todos los que hayan pasado por este trance. Sólo diré que no se trata de una empresa tinerfeña ni española, en concreto extranjera, donde he tenido queridos y antiguos amigos, y hasta en cierto modo parientes, que lo siguen siendo y que han intentado resolver el caso, y no quiero alegar el hecho de no haber recibido la carta de aviso. Temo que un jefe rencoroso y con el concepto de correspondencia y cordialidad que ha ejercido con mi persona, la tome con ellos.
He considerado también el posible daño que le puedo hacer en el aspecto del marketing, que es el modernismo en uso, a la empresa. Y ya no tengo relación con la firma aseguradora de, digamos, los desplantes. He firmado póliza con otra -y esa sí la nombro, el RACE, del que soy antiguo socio, y donde tengo asegurado un vehículo de mi propiedad- y su trato ha sido modélico siempre.
Lamento no haber hecho con antelación este contrato de póliza, porque, por lo menos, me hubiera ahorrado este disgusto y no hubiera sido testigo de semejante ingratitud y semejante e inmerecida desconsideración en los nueve coches que he poseído y que he asegurado.
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