FRANCISCO BELÍN, Tfe.
Las bodegas navarras Julián Chivite no se andan con alharacas. Hacen vinos-vinos.
Cuando tienen consolidado un objetivo, lo presentan sin fuegos de artificio, porque Fernando Chivite y el equipo humano de esta institución concentran sus fuerzas en el producto final que llega al consumidor, al comensal.
Precisamente los tintos que presentó en Tenerife el director general, Antonio Escofet, son agradecidos para el ritual de la gastronomía. Señorío de Arínzano es la marca que nace de una bodega ejemplar (del arquitecto Rafael Moneo) y una filosofía del buen gusto que persigue elegancia, finura, fruta, aporte preciso pero no desmedido de la madera de las barricas. Delicadeza, en definitiva.
Un estilo aparte de la formidable gama de los Colección 125, a la que ahora se suman estos "vinos del pago" -algo así como lo que los franceses denominan del terruño-, que en sus añadas de 2000, 2001 y 2002 salen a la luz al unísono para sincronizar las exigencias del mercado y las tardanzas digamos que "burocráticas".
Una vez que sale la ley específica -en la que no cabe ahora profundizar-, durante la cata realizada en el hotel Mencey de Santa Cruz de Tenerife, y ante un grupo de periodistas especializados de ambas provincias - y la responsable en Canarias, Isabel Díaz-, Escofet explicó que esta referencia depende de sí misma; es su propio consejo regulador, su propia denominación de origen.
El propio director de Chivite remarcó que estos personales Señorío de Arínzano no pretenden ser iconos de las bodegas, sino que sean apreciados y bebidos por los consumidores, de tal forma que sirvan a la finalidad para la que fueron creados: dar placer.
Así, cada uno refleja ensamblajes, clima y terrenos con una personalidad diferenciada. El 2000, pulido, con unos taninos equilibrados, balsámicos agradables y frutas. El 2001, muy eléctrico, comunicativo, pero aún a falta de algo de guarda para limar determinados matices -todo lo hace el tiempo en botella-. El 2002 augura un futuro excelente. Las tres añadas tuvieron su reto gustativo con el menú del chef Juan Carlos Dorta. ¡Ah! El Colección 125 Rosado 2004, soberbio.
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