HEMOS DISFRUTADO hace unos días de una señalada visita al Principado de Andorra. Nuestra visión de esta pequeña nación era la confirmación de cuanto habíamos estudiado sobre ella y su desarrollo turístico. Allí está hecho realidad el sueño de un territorio bien tratado social, económica y políticamente, como nos explicara con todo género de detalles su ministro portavoz del gobierno andorrano, Juli Minoves Triquell.
Dentro del contexto de lo que se puede hacer para integrarse con definición en la red de destinos turísticos mundiales, Andorra ha apostado por la conservación de sus más preclaras señas de identidad y sus especiales singularidades, que la han llevado a convertirse en una más que deseada estación de los deportes invernales de la nieve, aprovechando su estratégica situación para explotar, además, toda una infraestructura de alta calidad, en las demás estaciones del año, ya que su admirable clima así lo permite, y sus bellos y hermosos paisajes naturales, adornados de un entorno rural de excelencia, han sabido ser cuidados y mantenidos para que el turismo -esa revolución social de nuestra época- no falte en ningún momento en el Principado y sirva para conseguir ese sueño dorado que es el pleno empleo.
Ahora, cuando en Canarias parece haberse despertado la serpiente que ha estado dormida a través de los años, como es la necesidad de gestionar debidamente su soberanía, Andorra es un buen ejemplo de cómo se puede vivir de sus propios recursos, sencillamente sabiendo aprovecharlos con inteligencia, conocimientos y la necesaria profesionalización. Nunca amparándose en absurdas políticas erradas que han constreñido a las islas durante cientos de años... Un sentido que hemos localizado toda la vida en los miles de emigrantes que han tenido que abandonar el archipiélago, y que se encuentran desperdigados por todo el mundo, porque en las islas no encontraban futuro, y muchas de las veces ni qué comer.
Las largas veladas sostenidas en los centros canarios de Venezuela, hablando y estudiando estos temas, son para nosotros más que un recuerdo, ya que los componentes de aquellas memorables jornadas están por ahí vivos y coleando, con una pléyade de hijos y nietos nacidos fuera de estas islas, a los que se les inculca desde su nacimiento el amor por estos peñascos, sin que nadie haya podido explicarnos hasta ahora, cómo quienes han tenido que marcharse de la tierra que les viera nacer, siguen empecinados en amarla, quererla y sentirla hasta en los recónditos recovecos de su alma, y lo que es más digno de encomio todavía: inculcando a su alrededor, a sus más íntimos familiares y amigos, estos sentimientos difícilmente explicables, si nos atenemos a las razones que les llevaron a convertirse en emigrantes.
No vamos a nombrar a nadie aquí, pero hasta en los más lejanos lugares de nuestra América -"la tierra prometida" para los canarios- hemos encontrado en todos nuestros amigos emigrantes y familiares la rabia contenida por haber tenido que abandonar la tierra que le viera nacer, víctimas de una mala gestión y de una falta absoluta de sensibilidad política, que les obligaba a marcharse de su tierra mientras otros foráneos venían a ocupar puestos de trabajo privilegiados con unos emolumentos superiores a los isleños, por aquello del "plus de residencia".
Toda una extraña situación que coloca al canario como un ser muy especial, en unos momentos que ya se puede hablar claro sin que nadie te "secuestre", pero siempre "con la pulga detrás del oído" -como se dice en Canarias- porque no todos están por perder las prebendas que le suponen vivir en el actual status social, económico y político.
Romper los moldes de gestión de estas sufridas islas no parece ser nada fácil. Más difícil todavía, acabar con cientos de años dominados por la prepotencia y dictando leyes sin acordarse de que en Canarias es "una hora menos". En el mundo del turismo hemos padecido muchas de esas ignorancias, siempre con la sonrisa en la boca por no poder hacer otra cosa.
La situación parece haber cambiado algo. Tampoco mucho, pues se siguen apoyando proyectos y obras que nada ayudan al desarrollo de las islas. Es más, tenemos introducido en ellas un "virus" especial que ataca todo lo que puede ser un desarrollo ordenado abriendo el camino hacia la necesaria soberanía, entorpeciendo cualquier acción que no vaya en provecho del personal de turno. Así no se desarrolló Andorra, tampoco Malta o Puerto Rico, por ir hacia unos ejemplos claros y concretos cuyos resultados son más que evidentes.
Andorra es, entonces, un buen ejemplo que valdría la pena analizar. Esa convivencia de más de 84 nacionalidades, con apenas un 30% de nacionalidad andorrana, pero sabiendo conservar sus más preciadas señas de identidad, es algo muy importante que tiene que tener detrás una gestión admirable correctamente aplicada, cuyos resultados están ahí a la vista de todo el que lo quiera ver.
La tímida y velada propuesta entonces -por allá, en los principios de los años setenta del pasado siglo- que nos hiciera en las islas el controvertido y sabido economista Manuel Funes Robert, sobre la necesidad de la explotación de los canarios de su "renta de situación geográfica" no era una utopía. Era una seria reflexión, que hasta el presente no hemos sabido aprovechar los canarios, mientras un país encerrado en medio de Los Pirineos -por seguir con el ejemplo- sin puertos de mar, y sin posibilidad alguna de aeropuertos, ha sido capaz de capitalizar hasta sus más mínimos recursos para vivir sencillamente al más alto nivel de "calidad de vida", apoyándose simplemente en los recursos que le diera la naturaleza.
Ilusionados con el porvenir y por el aporte que puede hacer nuestra juventud al mismo, esperamos que quienes tienen el deber de trabajar por conseguir lo mejor para todos los canarios, hagan algo más que mirarse el ombligo, crear comisiones, o soñar con ilusorias obras que luego tardan años en realizarse y que cuando se acaban ya están desfasadas en el tiempo y el espacio... Los ejemplos están ahí.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD