Aparte del, fácilmente constatable, despilfarro económico que acarrean, motivado por las diferentes esperas y pérdidas de tiempo injustificadas, se castiga al organismo con "stress" y desquiciamiento en tensas vigilias de introducción a cualquier lugar, servicio, atención o dispensamiento. Es la consecuencia más personal de la masificación de esta sociedad y del disparate "de montaña rusa vital" en que nos hemos sumergido. Pero distintas son a las de antes.
Antiguamente acontecían en puntos, digamos, de sobrevivencia. No quedaba más remedio, dada la escasez. En el racionamiento de alimentos y vituallas, en las oficinas de emigración. Para comprar gasoil, por ejemplo. Fueron parte del pasado, difícil de las islas. Aún hoy en día, en este sentido de agonía, sucede frente a las oficinas del paro o CajaCanarias para las prestaciones rutinarias de p.e. jubilación. En zonas tercermundistas, atrasadas o con problemas económicos, se sigue sufriendo, en procesos de descalabro, con hambrunas y necesidad. Vemos en la tele que en estos mismos instantes, países como Venezuela, que fue el destino rico de las esperanzas y compone un trozo del alma isleña, gotean a su población con productos de necesidad como la leche. Son, o deberían ser, parte del pasado. La cola representa la foto del fracaso y en nuestro avanzado entorno de competitividad debería pertenecer a la historia
Pero no, la modernidad y la riqueza han alterado el motivo, pero no el penar. Seguimos igual o, salvando la abundancia, peor, en el sentido aludido. El desarrollo lleva a otras modalidades y tipos de filas dosificadoras. Un balance:
Para empezar, a usted se lo comerán los demonios si utiliza el coche a la entrada o salida al trabajo y la ciudad. Será el atasco, el primero de la jornada. Como consecuencia, hablará solo o gritará en procesiones de lentitud motorizada y, si no lo remedia un milagro, llegará tarde. ¡Qué mala suerte! Me quedé sin gasolina y, como pagaré con tarjeta, más tortuga y más receta. No le cuento, si tiene que aparcar en La Verdellada o en la esquina mal doblada. Posterior al desayuno de nervios, accederá sin remedio a una amplia gama de desesperos borreguiles. Si su profesión se relaciona con tocar el ordenador, tendrá que hacer "click" en una ciber-cola de la consola, para acceder a los programas o páginas de internet, contando con que no falle el aparato y se caiga el equipo un rato. Solicitar o arreglar un asunto en un organismo público puede llevar entera la mañana y no finalizar hasta pasado mañana. Las empresas solventes tienen, única y exclusivamente, para eso gente. No piense, además, visitar a un profesional destacado, al dentista, a un médico o al abogado. No habrá piedad con su velocidad y si necesita gestión del notario surgirá un problema o comentario, aumentando su ansiedad. No se le ocurra ir al banco, hay un atraso y un bloqueo de espanto.
Vuelvo a casa, pero antes por el pan. Con prisa para enchufar el microondas y volver a trabajar. A fichar en la panadería, siete personas delante y al mediodía. ¿Y ahora? Medito, lo compro esta noche y utilizo el de "Los Compadres" (u otro envasado), pero no cuadra en mi organización y lo descarto por improvisación. Mejor concluyo. La señora que está primera, pretende de la empleada ¡Mira ver si hay calentito! Señora, acaban de salir del hornito. Ay, pero ese no, uno más tostadito y carcomiéndome "¡Por favor, no sea coñacito!". Mordiendo los labios y reprimiendo el prontito. ¡Mejor con matalauva! No encuentra cambio y casi lo pago, de mala uva. ¿El siguiente?, un hombre proyecta una bandeja de dulces. ¡Señor! Lo que faltaba. Ya el conejo me riscó la perra. Bfuff... A aguardar que los elija de crema o cabello de ángel y de ese allí ¿De este? No, del de atrás. ¿del de chocolate? No, del amarillo, y todos en la cola ordenada, señalando con el dedo, de ese, de ese? Por Dios y la Virgen, todavía lo tiene que empaquetar. Al que le cuadra la venta por debajo de casa pasa, pero al que utiliza el coche, como moleste o no esté bien aparcado, lo crujen por agobiado. ¿El siguiente?, dos niños indecisos que no saben lo que buscan y a los que hay que interpretar. Joder, coge eso mismo, criatura, y ya pagas la factura. ¡Qué tortura! Me toca y se pregunta ¿El siguiente? Una leona se quiere colar y ¡oiga!, que se empeña que le corresponde turno. ¡Ay, mi niño, cuando tú llegaste yo estaba allí! No, de eso nada, que observe cuando entró, que no se detuvo y fue a mirar los dulces que elegía el señor. Lo tengo claro. Pero no digo ni "mu". "Cara chino, haciendo el pino". ¡Pida, señora, por esto no nos vamos a pelear! Dos integrales y uno normal. 1,20 ? o 200 pesetas ¡Hasta luego, escopeta! 15 minutos. Y ahora a la farmacia y la misma desgracia.
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