Canarias
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FRANCISCO-PABLO DELUCA LÓPEZ *

¿De qué vamos a vivir? (III)

1/may/08 02:41
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La llamada política de subvenciones, debilitando los distintos sectores productivos tradicionales (tabaco, agricultura, pesca, etc.) y dejando el turismo de sol, playa y hooligans borrachos y baratos, como casi la única fuente de ingresos ha sido un error que pagaremos con el tiempo, máxime cuando la competencia de los países del entorno, mediterráneos y centroamericanos, se revela cada vez mayor. La política turística que llevan a cabo esos países está basada principalmente en sus respectivas identidades nacionales: tipismo, gastronomía, folclore y costumbres propias sabiamente explotadas que atraen al turista europeo, aparte del sol y playa. Esta es, a nuestro juicio, una de las causas entre otras, como calidad, precio y profesionalidad, del debilitamiento del turismo canario. Ser una especie de prolongación de Europa, sin atender a nuestra idiosincrasia y peculiaridades como pueblo. Para muestra, un botón. En la prensa británica acaba de salir un reportaje sobre otra boda guanche, con gran afluencia de público, celebrada el pasado 16 de marzo en la montaña de Guaza, en la más ancestral tradición religiosa y etnográfica. A esta celebración acudieron turistas extranjeros que supieron apreciar las antiguas costumbres del país, aparte de las televisiones locales.

Y ya que hablamos de cultura, fuera de lugar estuvo la iniciativa de un grupo de mujeres nativas de Las Palmas (según la TV "canaria"), posiblemente vinculadas familiarmente a la Metrópoli, de promover por todo lo grande en aquella ciudad una Feria de Abril andaluza celebrada recientemente, bendecida, apoyada y organizada, cómo no, por el ayuntamiento socialista español (antes, del PP). Como es normal, la gran colonia andaluza residente en la isla se volcó literalmente en la sevillana fiesta, que suponemos que volverá con mayores bríos el año próximo. Aquí se ve la endofobia de ciertos sectores burgueses de Las Palmas, que prefieren publicitar lo foráneo antes que promocionar las costumbres y cultura canarias.La sustancia españolizante que dificulta (cual eficaz tapón) el avance soberano del Archipiélago reside en Las Palmas capital, concretamente en el conocido y colonial "Sanedrín de Vegueta", continuadores, en cierta forma, de la labor divisionista de Fernando León y Castillo. La herencia política de este último (fallecido en 1918 en Francia, siendo embajador de España) se plasmó por fin en la ruptura de la unidad territorial canaria en 1927, con gran contento de la Metrópoli, gobernada por la Dictadura de Primo de Rivera. Nada que ver, pues, con el resto de los actuales habitantes de la isla hermana (aquella Tamarant?), nobles canarios, en una buena parte descendientes de Doramas, Bentejui o Tasarte, que lucharon con dignidad contra los conquistadores españoles de finales del s. XV. Gentes del pueblo llano, muchas veces engatusadas sin querer por el gran insularismo y la prensa venal y asalariada, así definida en 1897 por el prócer Secundino Delgado en el periódico El Guanche, en relación, entre otras publicaciones, con las vinculadas a los sectores liberales canarios y prohispanos liderados por el citado León y Castillo (también ex-ministro español de Ultramar), que ya desde aquella época intentaba la absoluta hegemonía política sobre el Archipiélago como garantía de españolidad. Célebre fue la frase de su programa: Todo por Gran Canaria, todo para Gran Canaria.

Siguiendo con el preocupante tema económico, la alta tasa de paro que padecemos (casi 160.000 parados), demuestra el carácter colonial de nuestra sociedad, sin industrias estables de manufactura, perfectamente viables, sin suficiente agricultura de exportación, sin un sector ganadero fuerte o sin la explotación de nuestra riqueza pesquera. Por otro lado, el intercambio comercial con el continente africano (import-export) ha mermado considerablemente en los últimos años debido a la rígida política de trabas aduaneras ejercida desde Madrid, en un ejercicio de falta de visión política verdaderamente increíble.

Por todo lo expuesto, sólo la soberanía plena que como pueblo y nación nos corresponde, sustentada en el plano económico por los Fueros históricos de libertad comercial, pondría las cosas en su justo término, con un estatuto específico de íntima colaboración comercial y económica con la UE como tercer país, similar a los del entorno del Mediterráneo. Se trata de la creación de puestos de trabajo estables para los canarios que podrían venir de una agricultura de exportación moderna y organizada, de un turismo selecto y diversificado, de un control efectivo de la inmigración extranjera y, sobre todo, de un impulso a la industria manufacturera, como una posible solución a la creación de puestos de trabajo fijo con vistas a la exportación. Pero claro, esto sólo es posible con la emancipación política y económica.

Es hora ya de maduras reflexiones, serias, constructivas y exentas de crispación, que lleven a todos los sectores de la sociedad canaria actual a considerar que la prioridad absoluta es Canarias, su futuro y, por tanto, el de nuestros hijos y nietos. Ellos no tienen por qué emigrar ni a Europa ni a América. Somos territorio distinto que exige soluciones distintas y estrategias distintas. Debe prevalecer la proverbial dignidad del espíritu canario de antaño, heredado de los antepasados.

Todavía recordamos cómo en 1998, el máximo representante del pueblo canario afirmó que no importaba el lugar donde lo recibiera el primer ministro español (el presente ni siquiera ha recibido al actual). ¿Es que nuestro pueblo no es merecedor de respeto y dignidad? ¿O es que la Metrópoli no permite esa deferencia que sí le otorga al presidente vasco o catalán? Debemos ser tratados como diferentes, asimétricamente, por muchos motivos: históricos, geográficos, culturales y económicos. En absoluto, al menos con Canarias, con el consabido "café para todos" de la época de la transición, comparando sin ningún pudor un territorio insular norteafricano con Cuenca o Guadalajara.

Hoy, el nacionalismo canario está ninguneado por el Estado español, aunque, de todas formas, tarde o temprano las inevitables contradicciones coloniales se impondrán torrontudas ante nuestro pueblo que, al fin, podría reaccionar. Tratarán España y la UE resolver la crisis estructural con subvenciones millonarias para callar al personal, practicando el consabido "pan para hoy y hambre para mañana". Pero, ¿qué pasará cuando no exista un solo m2 donde construir o cuando el turista considere que el destino canario es caro y poco atractivo?

Tenemos territorio, nación, una cultura propia... Sólo falta, que no es poco, que nuestro pueblo reaccione, democrática y pacíficamente, ante esta situación insostenible de paulatino deterioro social, cultural y económico ya denunciada por EL DIA.

El reto está ahí. La lucha por el bienestar y la calidad de vida siempre ha sido -y será- una constante histórica en el devenir de los pueblos conquistados y colonizados. Gobernarse a sí mismo es la mejor salida. ¿Por qué deben gobernarnos otros? ¿Es que no somos capaces? Como decían, dicen y dirán las madres canarias: ¿Tú me vas a gobernar a mí?

Las propuestas de solución en el plano económico. ¿De qué vamos a vivir?

Desde siempre, el problema de la industrialización de Canarias ha sido una constante preocupación de los expertos y economistas progresistas del Archipiélago. Es evidente que en los años sesenta y setenta se alcanzó un cierto grado de industrialización en los sectores tabaquero, conservas de pescado y naval, aparte de la refinería de petróleo de Tenerife. Esta circunstancia generó unas condiciones que no convenían a la Metrópoli española. Por otra parte, el sector agroindustrial, la incipiente industria turística y el paulatino desarrollo de la construcción, supusieron, en cierto modo, la "industrialización" isleña por su rápido crecimiento real en comparación con España, que generó un cierto bienestar económico ayudado por las bondades del puertofranquismo. Pero, al margen de la capacidad potencial de estos sectores laborales, el problema siempre ha radicado en la imposibilidad de crear entre diez mil a quince mil puestos de trabajo anuales para, en esa época, absorber la alta demografía existente en las islas. Con el "boom" de las construcciones turísticas del Sur de Tenerife y G. Canaria, unido a la mejora de las comunicaciones con la construcción de la autopista, impulsada por Galván Bello en nuestra isla, se alcanzó un buen nivel de empleo en el período 1968-1972, previo a la crisis internacional del petróleo de 1973.

Hasta tal punto existía esa preocupación, que la Compañía para el Desarrollo de Canarias (CODECA) elaboró, a principios de los setenta, un primer estudio e informe sobre la industrialización, en el que se analizaban una serie de variables socioeconómicas, medioambientales, climáticas, etcétera, que hicieran posibles tales aspiraciones. Más tarde, el Cabildo de G.Canaria, a través de CODECA, encargó un segundo informe a la Compañía japonesa Mitsui Consultant Company, que, bajo el título "La industrialización de las Islas Canarias", fue al fin presentado en 1973 a la OCDE. Dicho estudio, a partir de la localización industrial, se sustentaba en la pregunta: "Cómo crear puestos de trabajo en Canarias", teniendo en cuenta, según Mitsui, tres principios básicos en relación al Archipiélago:

a) Alejado de los mercados consumidores.

b) Inexistencia de materias primas en las islas.

c) Falta de una base industrial preexistente.

A pesar de los diversos aspectos interesantes contenidos en el estudio de los japoneses, este, en opinión de algunos expertos, partía de premisas dudosas, ya que no es del todo cierto que Canarias esté alejada de los mercados consumidores, cuando se puede suplir la "lejanía" con el transporte aéreo.Tampoco la inexistencia de materias primas constituía un handicap, ya que en muchos países existieron -y existen- las mismas carencias, y esto no debe suponer un problema para importar dichas materias primas necesarias para producir manufacturados, y más estando cerca del continente africano. Y en relación al tercer principio, no era tampoco del todo cierta la falta de base industrial de Canarias, que, por otra parte, no era en esa época un país subdesarrollado, ni en vías de desarrollo, ni con sueldos muy bajos, ya que el obrero canario estaba preparado para la gestión industrial: mecánica, refinería, aire acondicionado, abastecimiento a los barcos, etc. Es posible que el ávido imperialismo económico, desde la óptica japonesa, tuviera algo que ver con estas falsas apreciaciones. No obstante, partiendo de la localización geográfica y al margen de estos errores de apreciación, el estudio ofrecía un considerable grado de fiabilidad, ya que se estudiaron concienzudamente durante un tiempo suficiente todas las variables y parámetros que podrían incidir en el establecimiento de una economía estable en las Islas. Así, por ejemplo, el Informe Mitsui preveía que entre las diez industrias susceptibles de potenciar en las islas, la primera era la pesquera y cinco actividades más relacionadas con ella. La flota pesquera canaria era potente y operaba en Lanzarote y G. Canaria. Una flota artesanal que podía modernizarse y que operaba entre esas islas y Fuerteventura y Tenerife. En nuestra isla la flota atunera se mantenía, además de una flota de litoral y bajura que surtía de "pescado de playa" a la demanda popular. Aparte, las industrias conserveras y transformadoras de pescado en Tenerife, G. Canaria y La Gomera, entre otras, hacían prometer un futuro esperanzador. Los años posteriores, con la cuestión del Sahara y la ampliación unilateral de las aguas jurisdiccionales marroquíes hasta las doscientas millas en febrero de 1973 (con la consciente pasividad de Madrid), el Acuerdo Tripartito de noviembre de 1975, en el cual España hizo absoluta dejación de su responsabilidad en relación a su antigua colonia, y cuya consecuencia fue la ocupación por Marruecos de los caladeros canario-saharianos y, en fin, los acuerdos de pesca con el país magrebí, en 1977, letales para la flota canaria, dieron al traste con uno de los subsectores más potentes de un incipiente sector pequeño-industrial isleño.

* Vpte. del Centro de Estudios Imazighen de Canarias-Asociación Sociocultural Tamusni

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