TENDRÍAMOS que retroceder a la década de los cincuenta del siglo pasado para recordar la primera vez que escuchamos hablar del polígono industrial de Granadilla, de la necesidad de construir un nuevo aeropuerto y otro puerto, de una autopista, así como de trasladar a aquellos terrenos la Refinería de Santa Cruz que ya, por aquel entonces, comenzaba a repartir sus magníficos "perfumes" sobre los sufridos chicharreros. Incluso, en aquellos años, había en El Médano un pequeño aeródromo de tierra que servía para que las pequeñas avionetas conectaran con la isla de La Gomera, evitando así sus propietarios -la familia Rodríguez López, entre otros- la espantosa travesía en los olorosos correíllos (olor penetrante a un extraño aceite de las máquinas), que se iniciaba en la capital tinerfeña para terminar, ocho horas después, fondeados en la bahía de La Villa (no existía muelle en San Sebastián, apenas un pequeño embarcadero). El paso del tiempo ha mejorado notablemente esta pequeña foto de un pasado reciente y alguna de estas condiciones. Sin embargo, continúan presentes en la vida de los tinerfeños.
El estancamiento de alguno de los proyectos inéditos en nuestro territorio es achacable a los responsables políticos canarios que, además de carecer de ciertas aptitudes, son, también, partícipes de los ideseables retrasos que han sufrido, y sufren, muchas de las obras públicas que, hoy día, casi todos calificamos como irrenunciables, sobre todo aquellas que afectan a Tenerife y que, por diversas razones y el cariño de un político hacia la provincia oriental, soportan retrasos inaguantables para el desarrollo de la Isla. Desarrollo que no han sabido desmenuzar ni informar desde las instituciones a aquellos pequeños colectivos defensores de un proteccionismo a ultranza que raya la neurosis. Esgrimiendo razones respetables, pero que no compartimos, la actitud de estos grupúsculos se acerca a la paralización del tiempo y al retorno al mundo de las alpargatas y cholas, de tan "grata" añoranza, según todos los indicios, para unos pocos. Pero en algo tienen razón y se debe reconocer. El político impune, que siempre ha existido en Canarias, quería sacar adelante un proyecto sobredimensionado, sin consultar con nadie y con las orejas orientadas hacia las puertas de un banco. No es de extrañar, pues, y sí de agradecer, que hayan surgido voces discrepantes que obligaran a modificar algo que hubiera podido convertirse en catastrófico. Entonces, se inician una serie de rectificaciones sobre el puerto de Granadilla (una de aquellas obras citadas que comienzan a hervir a principios de ¡los noventa!), y aparecen importantes variaciones sobre el diseño original que borran de la obra el calificativo de macropuerto.
¿Qué ha sucedido desde entonces? Por lo pronto, los criterios siguen cruzados y sin posibilidad de aunarlos. Y Europa tiene que poner los papeles sobre la mesa y aprobar el proyecto reformado del puerto de Granadilla por "razones imperiosas de interés público". Pero puntualiza que se procederá a la introducción de las rectificaciones convenientes y de medidas adicionales de compensación o corrección. Es decir, Bruselas estará atenta a lo que por aquí se haga y al cumplimiento de las acciones compensatorias medio-ambientales.
Pero resulta que a nuestro Gobierno autónomo se le ocurre crear el Observatorio Ambiental del Puerto de Granadilla para que, precisamente, vigile la estricta ejecución de lo que legisla Europa. Esto es, cumplir con la ley. Y vuelve a armarse la marimorena entre los de siempre porque, exactamente, el Ejecutivo canario quiere sintonizar con el europeo para garantizar zonas y especies. ¿Puede entenderse esta nueva actitud? No, desde luego. Lo que sí sugerimos desde aquí es la inclusión inmediata de un representante del Ayuntamiento de Granadilla en ese Observatorio. Si no fuera así, estaríamos ante uno de los mayores disparates políticos. Alguien de ese municipio debe tener opción a opinar y votar sobre lo que afecte a las obras previstas. Si no se tuviese en cuenta esta circunstancia, el tufo a pucherazo inundaría todo el Archipiélago.
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