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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Un país fácil y sencillo

30/abr/08 07:28
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Desde el momento en que el precio de una sola vida humana es infinito, carece de sentido discutir si se ha pagado mucho o poco por el rescate de varios pescadores españoles. Es la obligación primordial de cualquier gobierno hacer cuanto esté en su mano por sus ciudadanos. Asunto distinto es que, transcurridos ya unos días y sin que les importe el aluvión de críticas al respecto, Zapatero y sus ministros persistan en vender como un colosal triunfo de la diplomacia española lo que, en esencia, sólo ha sido el mísero pago del rescate estipulado por unos bandidos. Nada más.

En España, sobra repetirlo, el Ejército no es una institución popular. No lo es desde la guerra de Cuba y las guerras de África cuando, en virtud de una disposición con cierta lógica desde el punto de vista de la intendencia, pero absurda -y hasta criminal- en todo lo demás, un mozo podía librarse de ir al frente mediante el pago de un estipendio. Opción que sólo estaba al alcance de los ricos; los pobres debían pagar con su sangre. Después de las contiendas de Marruecos, y para que no faltara nada, llegó la Guerra Civil. Por añadidura, hasta no hace mucho los varones españoles debían entregar un año y medio largo de sus vidas para cumplir el servicio militar. Año y medio jalonado de vejaciones a discreción, porque en España, quien está sojuzgado, avasalla a quien tiene a sus órdenes para resarcirse. El caso es que, un siglo y pico después, continuamos viendo al estamento uniformado como una entidad, cuando menos, poco amigable.

Sin embargo, los ejércitos tienen su razón de ser. Un cometido que hoy en día, a Dios gracias, no consiste en desatar guerras y conquistar territorios. Que no consiste incluso en recuperar territorios perdidos, como pretenden algunos señores con los que anhelamos aliarnos civilizadamente sin que ellos nos hagan el menor caso, habida cuenta que sus pretensiones son otras. La función de un Ejército conciso y moderno, como el que se puede permitir esta nueva nación de naciones, es que no nos humillen cuatro piratas de barca pequeña. O de zodiac neumática, si hemos de ser precisos. Pagar el rescate sí, aunque en primera instancia y para salvar la vida de unas personas, tanto españolas como africanas. Pero luego persecución sin cuartel -nunca mejor dicho-, ya que de lo contrario le estamos enviando un mensaje claro a cuanto facineroso campe por el mundo; el mensaje inequívoco de que somos un país débil y sumiso. Un país cuya opinión pública consiente masacres como la de cada semana en las carreteras, pero que no le perdona a su Gobierno la muerte de un ciudadano en cualquier otra circunstancia. En este sentido, no es que el actual Gabinete actúe como ha actuado -de la forma más cobarde posible- porque le ha dado la real gana; Zapatero ha obrado así porque esa opinión pública se lo exige para no retirarle sus votos.

Tampoco hace falta añadir, llegados a este punto, que nos hemos convertido en un país fácil para todos. Fácil y sencillo para las mafias que trafican con personas, con mujeres forzadas a la prostitución o con drogas. Fácil y sencillo para centenares de delincuentes del Este, acostumbrados a la comodidad de darse una vuelta por aquí cada vez que se les acaba el dinero. Fácil y sencillo, en definitiva, para cualquiera que pretenda algo gratis o, como mucho, a muy bajo precio.

rpeyt@yahoo.es

 

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