1.- Zapatero se ha convertido en un mago Merlín. Periodistas generalmente agresivos -excepto Ónega, que es bastante manso, tirando a pelota- no pudieron con él en el programa "59 segundos"; ni siquiera el que tenía más motivos ideológicos y de línea editorial para arrinconarlo, el vicedirector de El Mundo, Casimiro García Abadillo. Lo cierto es que Zapatero les ganó la partida y, además, contestó con benevolencia a las paridas de una tal Charo Zarzalejos y con displicencia las preguntas planteadas por Calleja y Margarita Sáenz-Díez. El otro gallego, colaborador de la SER, allí de cuerpo presente, es gracioso; la presentadora muy en su papel -y aguda en ocasiones-; y creo que no había nadie más. Ahora que Xuancar juega al golf, como jugaban el Che y Polanco, y va a los conciertos de la Sinfónica, ya no me extraña nada, ni siquiera que ZP haya ganado por k.o. la entrevista. En esta época de extraños sortilegios lo que no amansa el palo y la música no lo amansa nadie.
2.- Zapatero sabía que mentía en los temas económicos, porque esa misma tarde del martes la Unión Europea bajó las previsiones de crecimiento de España para los próximos meses al 2,2%. "Siempre se equivocan con nosotros los organismos internacionales en sus pronósticos", dijo, no sin descaro, el presidente. Él sabe que los datos de paro son abrumadores y que la crisis (aunque intelectualmente sea deshonesto exagerarla, según su criterio) puede convertirse en una recesión en toda regla; sabe también que no sólo se trata de una pequeña bajona coyuntural. Pero en la defensa de los otros planteamientos, Zapatero me pareció brillante. Con una buena dialéctica, muy seguro de sí mismo, manejando datos muy solventes y con autoridad.
3.- Hombre, al no haber allí un periodista canario, ni alguno al que Canarias le importara un pito, pues se reduce bastante el interés de la entrevista para el ciudadano de estas Islas. Estamos acostumbrados a que Canarias no cuente. Por otra parte, no es normal que un señor que ha ganado las elecciones con cierta rotundidad, como ZP, se acerque a un medio para debatir proyectos e ideas tan pronto. Me pareció un acto de valentía y toda una declaración de principios. ZP fue, además, humilde y realista, repito que en las cuestiones que no afectaban a la economía. Creo que esta aparición del presidente en la televisión pública ha sido oportuna, muy valiente y, en ocasiones, brillante. Y ya saben que no soy nada sospechoso.
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