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Agustín Dorta, el carbonero de Vilaflor

28/abr/08 07:30
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La llegada y el encuentro con el municipio de Vilaflor producen inmediatamente algo que ya la urbe y la gran ciudad no ofrecen al buen ciudadano, una fusión con el olor a la retama y la fría brisa que "antes para los mayores era una sensación de salud". Hoy "EL DÍA de ayer" vuelve al pueblo más alto de España donde un nuevo protagonista nos pasea por sus recuerdos en el oficio de carbonero. Agustín Dorta nos aproxima a la dura labor del carbón que conoció desde muy temprana edad y que sólo abandonó cuando embarcó su vida hacia tierras venezolanas, como tantos canarios hicieron en aquellos días de penuria del pasado siglo.

Agustín Dorta nos acerca al pasado de Vilaflor, tierra chasnera que fue testigo de su nacimiento en agosto de 1923. Crece dentro de una familia numerosa y Agustín reconoce que su complicada niñez la superó gracias a "los grandes cabreros que tuve como padres". Sus padres tenían más de 200 cabras en la montaña de Galindo. "Cuando apenas sabía caminar ya subía yo a esas montañas", comenta.

Nuestro protagonista recuerda que la única forma de acceder al Vilaflor que de niño conoció era a través de los caminos reales. Así, nos lleva su fuente oral a aquellos viejos caminos de tierra "transitados por muchas personas que acudían con sus bestias a comprar queso. Con la peseta que costaba la libra de queso, mis padres compraban algo de verdura y así comíamos todos". Tiempos duros.

El Retamal del Teide

Agustín no abandonó el cuidado de las cabras de sus padres, pero la necesidad le llevó desde los ocho años al oficio del carbón. "Trabajé de carbonero y acompañado de varios vecinos y un burrito subía todas las madrugadas por los caminos de tierra que conducían a El Teide". El Retamal de El Teide era la zona más frecuentada para la extracción de carbón debido a la facilidad que ofrecía la leña de retama a la hora de partir y sus ramas eran las que menos tiempo necesitaban para quemarse. "No existían motosierras y la retama se podía cortar con las mismas manos", nos comenta.

El oficio de carbonero requería de dedicación absoluta. "Se empleaba el día y la noche", apunta. "Las madrugadas se dedicaban para hacer la hoguera con toda la retama que se había recogido por la tarde. Y sobre las 12 de la noche comenzábamos a quemar". Con la leña del día anterior hecha carbón, las mañanas se empleaban en la recogida y venta del mismo, todo con la ayuda de bestias que cargaban con los 45 kilos que pesaba cada saco.

Este chasnero nos asegura que las horas de dedicación al carbón "no daban ni para comprarse un bocadillo", pero ayudaban a superar "los malos tiempos que pasamos en los días de guerra. Me caminaba todas las casas de Granadilla, El Médano, Adeje y Los Cristianos para sacar menos de dos pesetas al saco de carbón".

Transportista en Venezuela

Agustín fue reclamado por su hermano en 1950 para emigrar a Venezuela, fecha en la que se embarcó en el Santa María. "Las 5.000 pesetas del viaje fueron un sacrificio para la familia, pero las recuperé en muy poco tiempo", recuerda con nostalgia.

Allí se dedicó al comercio de plátanos. "Mi hermano me dio trabajo en un depósito que se dedicaba a la compra-venta de plátanos". Agustín pasaba noche y día transportando en su camión la mercancía por todas las carreteras del país. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría por ese entonces en Canarias, "el trabajo era muy bien pagado. Nosotros pagábamos a los agricultores ocho bolívares por el ciento de plátanos y lo vendíamos al doble. El dinero compensaba las horas de carretera", nos afirma.

Los años de emigrante de nuestro protagonista significaron amplios dividendos que llegaron a su familia en Vilaflor. "Con el dinero que enviaba de allá, mi mujer compró una pequeña finca. Hizo mi casa y a mis hijas nunca les faltó nada". Agustín nos revive aquella Venezuela de los años cincuenta y sesenta que tanto dinero envió a Canarias, para que nuestra tierra superase la miseria en la que se vivía.

Hoy, próximo a cumplir los 85 años, Agustín Dorta se entretiene en su finca "lucida de papas" y desde allí observa como sus nietos crecen en una realidad muy diferente a la que él vivió de niño. "EL DÍA de Ayer" despide a Agustín en el centro de mayores donde disfruta de esas tardes de recuerdos. Pero emplazamos a los lectores hasta el próximo lunes, fecha en la que diremos el adiós definitivo al municipio chasnero. Les esperamos. FUENTE: ANSINA. domingo.jorge@canaryinfoweb.com

 

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