Los caminos no llevan lejos si no hay puentes para cruzar los ríos, los mares y los valles. Yo soy un puente y, en tiempo de guerra, los puentes son lo primero que se destruye.
Hassan en "El cordero y la ballena"
En la cadena de discursos sobre un fenómeno social, el discurso artístico es generalmente el último que entra en escena. Y no es de extrañar, ya que éste no se incorpora hasta que la sociedad deja de sentir el fenómeno como un cuerpo extraño y lo integra como una experiencia que le pertenece. El caso de la inmigración en España es flagrante. Mientras el tema forma parte de la cháchara cotidiana de políticos y medios de comunicación, podemos contar con los dedos de una mano las obras artísticas que tratan sobre él. Problema para los políticos, suceso para los medios de comunicación, la persona inmigrante aspira a devenir, en la obra de arte, una persona humana con un rostro y con un nombre concretos. Una persona con la que podemos identificarnos.
En mis obras me aplico para romper con este halo de extranjero y de víctima que plana sobre la figura de la persona inmigrante. Intento demostrar que la migración es una necesidad vital común a todos los humanos, y que el inmigrante es aquel que vive hasta el límite una experiencia para permitirnos vivirla nosotros mismos en pequeñas dosis. Una sociedad necesita historias de migración del mismo modo que necesita historias de amor.
Siempre me ha interesado mucho el sentimiento que tienen todos les inmigrantes de vivir en un no-lugar, en un espacio hueco entre el país de origen y el país de acogida. Vivido esto trágicamente como un desgarro y una crisis de identidad en mi primera obra "El cordero y la ballena" (1997), este sentimiento se libera poco a poco y se impone como una elección de vida y una visión del mundo en "Tombuctú 52 días a camello" (2005). "La Chica sin nombre" nos invita a deshacernos de nuestras ilusiones identitarias y a encontrarla en la frontera, su verdadero país, donde existe como puente o pasarela. Pero en muchos países del mundo los inmigrantes son como puentes en tiempo de guerra y de toque de queda: están abandonados si han tenido la suerte de no haber sido ya eliminados.
(*) Escritor y dramaturgo, participante el día 28 de abril en el Foro Enciende África que organiza CajaCanarias
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