Los gurús de la meteorología y los observadores de las temperaturas en las últimas décadas dictaminan alteraciones al alza, generalizadas de los valores medios, en eso que se ha venido en llamar el calentamiento global. La presunta culpa inductora no es del "cha, cha, cha" sino del CO2 emitido por el ser humano a la atmósfera. Aparecen en escena personajes de cuento, ficción o terror, como del "Niño" y la "Niña" ¡Verás como se presenten el Padre y la Madre!, y entre toda la familia consigan desviar al norte el anticiclón de las Azores.
Somos responsables, entre otras muchísimas salvajadas, de extinguir progresivamente la minúscula capa de ozono y, sin pretenderlo directamente, nos acercamos a la embocadura de un invernadero bodrio, plagado de nubes corrosivas y gases tóxicos acumulados, en el diseño inconsciente de una bola rodeada de anhídrido carbónico. El tema viene estudiado de años y está machacado, confirmado por modelos virtuales de anticipación climática. Las previsiones son "peores o desastrosas", dependiendo del criterio del analista, e implicando consecuencias tangibles, con aceleraciones mayores o menores en los daños al equilibrio actual o al de las próximas décadas. Imparablemente con el medidor y el resorte hacia arriba.
La amenaza es incontestable e inminente y las consecuencias, aquí en Canarias, provocarían procesos no evaluados de agravamiento de las situaciones extremas. Episodios tormentosos de desertización y escasez, precipitaciones desmadradas, ventoleras de padre y señor mío, olas de calor "pa" derretirse, masas tropicales inestables o sirocos cargaditos de arena en suspensión. Ocasionará subidas implícitas del nivel del mar, que podría convertir en una playa la charca de la plaza de España o en una isla a la querida Isleta de Las Palmas. ¡Que peligro!
La que se nos viene encima? Situados en una zona semitropical, en el riñón del Atlántico, pegaditos al costado occidental del desierto más extenso del planeta. El Sahara hace sólo 6.500 años comenzó a desertizarse, siendo anteriormente una pradera con ríos, hipopótamos, cocodrilos, jirafas y leones. La jungla. Abarca en la actualidad mayor extensión en metros cuadrados que los Estados Unidos de América. Cuando tose "pa" este lado, el polverío es insoportable y no se ve un palmo más allá. Las islas intoxicadas de neblinas microgranuladas, padecen los efectos que disparatan a los alérgicos, con problemas respiratorios, criaturas o mayores. Las partículas no permiten ni hacer deporte. El asunto es grave. Merece atención y seguimiento de los expertos y la alerta pública continúa, aunque sea asustando al personal cuando después no aparece la megaborrasca o el superhorno anunciado y nos quedamos comentando "tanto rollo pa' esto". Amigo, mejor eso que lo otro. El problema no es "velula", afecta a la vida de manera importante y la solución nos excede, pero está claro que debemos sensibilizarnos y colaborar, en lo posible, por la cuenta que nos trae.
Fijándonos, de vacilón, específicamente en una mayor dosis de calor bochornoso, de fuego atmosférico, con un extra contratado de grados para el verano a punto de llegar, pueden analizarse a priori dos posibles grupos de implicados distintos y puntos de vista diferentes.
¿Quiénes ganan? Las empresas de helados, agua, refrescos y embotellados. La Dorada, Reina y "Tropicá", los mecanismos de climatización, de congelación, de refrigeración, los ventiladores, los aparcamientos a la sombra, las playas, las piscinas... y un "chorro gente" de bares y chiringuitos. Los churritos de pescado de San Andrés. Los espatarrados en la playa con la pamela. El ligón del rompeolas enseñando la barriguita y observando, con la garimba, detalles de la anatomía femenina. El monstruo de La Tejita con la "piva", las chanclas y la tabla de varar. Los bikinis, los tops, los musculitos, la depilación integral, los tatuajes, los bronceadores y los bronceados. El que juega a las palas con pelota, en pelota, en Las Gaviotas. La ensalada y la siesta.
¿Quiénes pierden? Los trabajadores, los enfermos, la productividad, los delicados, los conductores, las medianías, el asado de cochino o el puchero con tocino.
Resumiendo, pierden el curro, el tornillo y el pringado, es decir, el sustento, usted y yo.
¡Pierden el "blanco leche" y el mediodía! ¡Ganan la noche y la poesía!
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