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LA MEDIA COLUMNA

Cambio de postura

28/abr/08 07:30
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NO CREO que haya sido por la dura crítica que hice en esta columna a su irrespetuosa petición al Gobierno de que "se dejara de demagogia y enviara ayuda al sector de la construcción de Canarias, ante la crisis actual y la que se espera en el futuro", pero la Federación de Empresarios de la Construcción de Canarias se ha dirigido al Gobierno nacional en términos más respetuosos que la nota anterior e incluso ha propuesto una solución aceptable para hacer frente a la crisis que afecta al sector. Lo que ahora propone Fepeco al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero es la aceptación de que las viviendas privadas, edificadas por las empresas de contratas para vender particularmente, las cuales, ante la crisis, muchas no se han podido vender por falta de compradores -fenómeno que no sólo se ha producido en España sino en Europa y Norteamérica- en nuestro país sean consideradas como Viviendas de Protección Oficial (VPO) y, efectuados los acuerdos correspondientes, salgan a la venta a precios de alcance de la clase con menos poder adquisitivo y pueda adquirirlas.

Claro, lo que expone ese ofrecimiento es una solución que siempre ha podido aportarse por parte de los promotores, y no se entiende por la mayoría del pueblo y, en general, por los que no tenemos la licenciatura en Ciencias Económicas y hasta por estos especialistas. Lo elemental y lo lógico es que si una cosa no la adquiere la gente es porque no está económicamente a su alcance, primero, porque ya es caro el precio de salida y, segundo, porque las hipotecas a que antes se acudía ahora han subido y se dan menos facilidades para otorgarlas.

O sea, la crisis no la han producido los compradores dejando de adquirirlas por inalcanzables, sino los propios promotores por subir los precios a los niveles actuales, sin que se justifique esa subida en los precios de los materiales o el alza de los impuestos o el incremento del precio de los transportes.

Tengo ganas de ver claramente expresadas bien en la prensa, bien en las numerosas difusiones de entrevistas, coloquios y cualquier forma de expresarse, por qué las casas alcanzan precios tan elevados en comparación a los que regían hasta producirse la carestía. La mayor parte del pueblo sospecha que ahí juega un espíritu de lucro. Pero, naturalmente, cuando eso no se discute a los comerciantes del mercado de otros productos, sí se ve reprochable en los contratistas. Da la casualidad de que también muchos constructores se han visto obligados hasta a declararse en suspensión de pagos, que es lo más cercano a la ruina, pero eso tampoco lo comprende la gente de a pie. Y es fácil de entender; cuando al contratista no le queda dinero porque se ha gastado el que tenía en una o varias construcciones y, por estas casas no entra más dinero porque no se venden, llega a ese resultado sin remedio. Así de claro.

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