POR FIN nació Paula. El pasado domingo, y después de casi 24 horas de haber ingresado, su madre sufrió tanto o más que con la primera cesárea, hace ahora casi cinco años, cuando nació su primera hija, Judit. A uno, que sucedan estas cosas a estas alturas se le hace a veces bastante difícil entender cómo se organizan o cuáles son los protocolos establecidos en el HUC (Hospital Universitario de Canarias). Teniendo los antecedentes de las 17 horas que duró el primer parto, y los problemas físicos que impedían que el bebé naciera de forma natural, no entiendo que los responsables dejen pasar tantas horas para tomar una determinación y hagan sufrir de esa manera a una mujer. No es mi intención hacer crítica, lo transmito según lo vivió la familia, porque nos atañe directamente, pero es para que lo tomen en consideración los que saben de estas cosas. Por suerte, Paula está sana, tiene los ojitos verdes, mucho cachete, y es bembudita, así que en un futuro no tendrá que hacer esa cirugía tan antiestética de engordar los labios que lucen muchas famosas y resulta tan antinatural, como los labios de Susanna Griso de A3 o la modelo Esther Cañadas.
Como simple observador, este comentario va sobre lo que presencié en la cuarta planta del hospital: maternidad. Subí alrededor de la doce de la mañana, y era una hora de mucho trajín, con cunitas de recién nacidos por el extenso pasillo, personal dando el almuerzo y madres con sus enormes barriguitas desesperadas porque llegara ya el ansiado momento. Una enfermera me enseñó el nido, bonito nombre para el lugar donde viven sus primeros días los recién nacidos. También está neonatos, lugar que ocupan los bebés con problemas o prematuros, y adonde sólo pueden acceder las madres para dar el pecho, y los padres y abuelos a determinadas horas, una estancia difícil para la familia pero al mismo tiempo de aspecto entrañable.
Me interesé por los bebés que vienen al mundo diariamente, si hay más varones que hembras, o si es más o menos igual; supongo que habrá estadísticas sobre este detalle. Una enfermera me dijo que con el día a día no se paraban a pensar en esas contabilidades, ya que podían tener hasta ocho partos un lunes, que había meses que nacían más niñas que niños, e incluso días en que tenían menos trabajo. Lo que sí constaté es que es quizá el lugar más grato de todo el hospital, y que el personal disfruta en esta planta; la enfermedad es dolor y tristeza, y esto sí que se ve en cualquier estancia del resto del edificio.
El nido representa la esperanza. El nacimiento de un bebé es uno de los momentos más entrañables en la existencia del ser humano. En la vida actual, Paula, como otros bebés, se criará sana, tendrá mucho más de lo indispensable, además de amor de sus padres y familiares. Pero uno siente congoja sabiendo que no es igual en todas partes. En el mal llamado Tercer Mundo todo es escasez y la hambruna mata cada día a muchos niños; y al mismo tiempo en nuestra sociedad del bienestar se mata sin piedad. Esta Europa laicista en la que vivimos, sigue perdiendo valores, se consiente y se admiten aberraciones, y lo que es peor, se mira para otro lado. Por eso, aunque no tengamos que visitar a nadie, recomiendo que alguna vez todos nos acerquemos a un nido al que a partir de ahora llamaré "lugar sagrado" porque representa el futuro.
Hoy no tenía ganas de hablar de política, o de esos personajillos que nos rodean que se dan más importancia de la que tienen. Cada vez me entristece más que nuestros políticos se ensalcen todos los días en luchas internas de uno u otro signo. El hospital me ha parecido un monstruo de mil cabezas muy complicado de dirigir, un lugar de recogimiento, de lucha por la vida, de esperanza para curarse de las enfermedades, un entorno de tristezas y alegrías. Pasen alguna vez por el nido. Puede que se conviertan en mejores personas.
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