Ó.MARTÍN, S/C de Tenerife
Alberto Rodríguez nació hace 77 años en Santa Cruz de Tenerife, aunque la mayor parte de su vida la pasó en Venezuela. De profesión contable, este hombre, padre de dos hijas, es un auténtico apasionado de su trabajo. El protagonista realiza grabaciones de todo tipo, pero llama la atención, sobre todo, por el hecho de que las nuevas tecnologías no tienen cabida en su lugar de trabajo, un taller de rótulos y grabaciones situado en el barrio de La Salud.
"Recuerdo que había una empresa que se dedicaba a las grabaciones y yo la tenía vigilada. Veía que siempre iba gente, y entonces fue cuando comencé a entusiasmarme; luego le hice una propuesta a su dueño y me hice con el negocio", afirma.
Pero este santacrucero se vino esforzando desde muy joven, pues quería dominar aquello que en su momento le aportaría la felicidad: hacer rótulos y grabaciones.
Y así fue. Pantógrafos, episcopias y máquinas cortadoras, aparatos que utiliza Alberto Rodríguez para realizar sus grabaciones, representan la verdadera imagen de la antigüedad, y la mano de obra es su principal arma. "Yo empecé a trabajar de contable, y cuando la empresa decidió cerrar, monté esto. Vi que iba a producir, aunque he vivido como cualquier persona".Pero claro, reconoce que es su vida, y que "no tengo miedo a la soledad. Aquí pasaré el resto de mi vida".
Alberto Rodríguez puede presumir de ser la persona que ha creado la mayor parte de los rótulos identificativos de los taxis de la ciudad, llaveros, pegatinas, distintas placas de empresas, así como la señalización de carreteras.
Ha pasado mucho tiempo, comenzó su gran sueño en 1971, y el "hombre del rótulo" tenía las cosas bien claras. "Yo decía, si esa broma la hace alguien, yo también podía hacerla; recuerdo que me salían muchas lágrimas porque me costaba", asegura. En este sentido, Alberto Rodríguez destaca que "al principio hacía dibujos, y me valía del episcopio".
Con sentimiento
Alberto Rodríguez está entusiasmado, vive con pasión su profesión del alma, y asegura que las horas que pasa en solitario le ayudan a rememorar algunos tiempos.
Y es aquí precisamente cuando en medio de la conversación aparece el nombre de su nieta. La adora, pero claro, también llora. "A mi nieta le he escrito algunos poemas". Alberto se define como un hombre extraño, pues "me gusta estar solo, aunque mantengo a mi familia. Reconozco que esto me da vida, es como un niño pequeñito que crié, lo subí y aquí lo tiene".
Sin embargo, su nostalgia se escuda en sus poemas. Y es que Rodríguez, este vecino de la capital tinerfeña, mantiene un amplio recopilatorio de poesías dedicadas, en gran parte, "a mi nietita".
Así, y ante la presencia de una de sus hijas, no puede evitar el hecho de repasar, casi una por una, la infinidad de poesías que le acompañan en su mesa de trabajo. "Yo siempre he llevado a mi nieta al baño, y curiosamente me dijo: abuelito, yo voy solita al baño. Por eso me decidí a escribirle una cositas", dice.
A Rodríguez no le faltó tiempo para relatar sus sensaciones, aunque se resiste: el sentimiento se apodera de su persona, y más cuando habla de su nieta, sus hijas y su gente.
Este hombre, grabador de rótulos, es sensible, educado, y le gusta, curiosamente, vivir bajo la intensa soledad. "No me asusta", sentencia. Su familia se siente orgullosa, y él, que no para de hablar, pues es buen conversador, lo daría todo por ellos.
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