LO MISMO que el agua tiene su día -22 de marzo-, la Tierra también lo tiene y éste es el 22 de abril de cada año. De todos es sabido que nuestro planeta azul no está viviendo precisamente en este principio de siglo XXI sus años de gloria. La salud de la Tierra en la que habitamos 6.600 millones de personas está cada vez más resentida, o por lo menos así lo dan a entender los discursos alarmistas de los expertos, que siguen de cerca la evolución del cambio climático. El calentamiento del globo terráqueo -del que se culpa a los países más industrializados- está provocado por la actividad del hombre: la quema de combustibles fósiles como el petróleo o el gas natural, vertederos, desforestación, etc. La enorme cantidad de dióxido de carbono -entre otros gases- que va a parar a la atmósfera y que tiene su origen en la acción humana, está aumentando la temperatura del planeta a pasos acelerados. En las diferentes cumbres del clima celebradas en distintos lugares del mundo, los especialistas dan por hecho que de seguir subiendo la temperatura del planeta al ritmo que va, ésta aumentaría en más de 5° en los próximos cien años; también ellos han afirmado que esto último causaría el deshielo de los glaciares, cosa que ya está empezando poco a poco a suceder. Las predicciones científicas auguran que de derretirse la capa de hielo de la isla de Groenlandia, la superficie marina subiría siete metros -crucemos los dedos para que esto nunca llegue a ocurrir-. Pero ahí no acaba todo, los fenómenos meteorológicos extremos como los huracanes, ciclones, lluvias torrenciales, olas de calor, etc., se están repitiendo cada vez con mayor frecuencia. Las naciones que figuran como principales responsables del cambio climático son Estados Unidos, Japón, Canadá, Rusia y Alemania.
Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero -Protocolo de Kioto-, detener el deterioro incontrolado de nuestro recursos naturales, "motivar la educación ambiental y el respeto por la naturaleza", etc., son algunas de las medidas que el planeta azul está pidiendo a gritos. Pienso que los gobiernos del primer mundo deberían dar ejemplo y ayudar al mismo tiempo a los países menos desarrollados a resolver semejante problema; de lo contrario, la población mundial se verá afectada de forma irreversible. Mudarse de planeta no está en los planes más inmediatos de la humanidad, al menos de momento.
La Tierra es nuestro hogar y el de la naturaleza,
déjalas vivir en paz y en paz te dejarán ellas.
El bello y azul planeta en el que todos vivimos
no quiere morir enfermo quiere vivir, ya lo ha dicho.
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