SANTA CRUZ ya ha comenzado a sentir y vivir sus fiestas fundacionales. En el mes de mayo la ciudad recuerda con orgullo su historia y hace más patentes muchas de sus tradiciones; algunas de ellas forman parte de nuestro acervo cultural, de nuestra idiosincrasia, de nuestra identidad. En las Fiestas de Mayo se hace patente la necesidad de un pueblo de mantener vivas sus tradiciones, su cultura, su folclore, pero además sirve para conmemorar la unidad, la diversión, el festejo de la canariedad.
Las Islas, nadie lo duda, han sido criollas, han sido y son punto de encuentro de las raíces europeas y americanas que casi todos poseemos por culpa de algo que ahora está tan en boga y que en las Islas siempre conocimos: la emigración (la de ida y la de vuelta). Somos geográficamente africanos, sin embargo con ese continente las relaciones culturales y sociales han sido mucho menos intensas, por no decir inexistentes en algunos casos. Una cosa y otra se nota en las tradiciones que Santa Cruz muestra en las Fiestas de Mayo. Estoy seguro de que este año miles de chicharreros y de visitantes disfrutarán, de nuevo, con esos actos.
Antes me refería a la canariedad y en las últimas semanas se ha hablado mucho de ello, aunque no lo parezca, a consecuencia de varios planteamientos políticos que, entre otros, ha hecho el que suscribe. Hace ya algún tiempo Coalición Canaria comenzó a hablar, creo que fue de los primeros, de ese término, "canariedad", que ahora casi todos aceptamos como una especie de consciencia de identidad colectiva basada en nuestras singularidades como pueblo desde el ámbito geográfico, político social y cultural. Singularidades que, nadie niega, son fruto del hecho de que las Islas han sido punto de encuentro, de tránsito, de convivencia entre muchos pueblos y culturas a lo largo de la historia. Además, CC habló hace tiempo ya de que la insularidad y la lejanía respecto al resto del Estado nos otorga un hecho diferencial de máxima relevancia que, sin duda, también es parte de esa canariedad.
Este planteamiento más político que antropológico o sociológico creo que también se aloja en la conciencia de muchos canarios. Nuestras fiestas patronales son un ejemplo de ello. Es cierto, acudan al parque García Sanabria, al baile de magos o al paseo romero. Verán que existe sentimiento de canariedad, de identidad como pueblo.
A partir de la constatación de esa conciencia de identidad común es cuando comienzan a plantearse posicionamientos políticos más hondos y menos evidentes. Pero creo que el desarrollo de esos planteamientos es, sin duda, una labor a asumir desde la política. Los políticos gestionamos, pero también debemos ser responsables de crear debates sobre hechos que si bien no afectan, en principio, al día día de los ciudadanos, sí se transforman en ideario político y en acción de gobierno que, inevitablemente, termina influyendo en la cotidianidad de la ciudadanía. Y ahora es uno de esos momentos. En el seno del nacionalismo canario algunos queremos plantear un debate en el que la canariedad, el hecho diferencial y la identidad como pueblo sean parte de un diálogo abierto, sin histrionismos -que otros aportan desde fuera-, con serenidad y respeto a las instituciones democráticas que sustentan a Canarias y al Estado español en su conjunto. Y lo hacemos porque los nacionalistas canarios somos reconocidos como fuerza nacionalista con responsabilidad y respeto al Estado de Derecho. El ideario político de Coalición Canaria aspira al fomento de la identidad canaria como medio para el fortalecimiento de la nación canaria y la consecución de mayores cotas de autogobierno, asumiendo y defendiendo nuestros rasgos culturales y singularidades políticas, jurídicas y económicas, tal y como recoge, por otro lado, nuestro Estatuto de Autonomía y la Constitución española. Es más, hemos dado más que sobrada cuenta de que somos un nacionalismo democrático -la apertura del actual debate debe ser ejemplo de ello- progresista, tolerante e integrador. Somos, por supuesto, constitucionalistas, lo que no quiere decir, tal y como hacen la mayoría de las naciones españolas, que no seamos reivindicativos y que asumamos un papel de equilibrio entre el pragmatismo propio de quien tiene la confianza de la ciudadanía para llevar a cabo tareas de Gobierno y el logro de unos objetivos políticos nacionalistas; y hay que admitir dentro de un debate sobre el futuro de Canarias a aquellos que sí creen en los términos de secesión, independencia o soberanía, al igual que tienen cabida los que piensan que el estatus actual es más que suficiente. Es preferible hacer esas consideraciones y análisis en el marco de la serenidad, en el seno de la discusión de ideas, que en otros ambientes radicalizados.
Hay que hablar de estas cosas y, desde mi modesto punto de vista, hay que hacerlo desde ya. No para obtener conclusiones precipitadas en dos días, sino para escuchar opiniones, planteamientos y aceptar, desechar, postergar o asumir esas consideraciones. En unos meses Coalición Canaria celebrará un congreso en el que nuestra cultura democrática debe aceptar cualquier propuesta de debate. Otra cosa es que después se concrete en un ideario político definido y, en consecuencia, en una acción de Gobierno. Es más, aquellos que critican, con cierta razón, el vacío ideológico de los nacionalistas, ahora se escandalizan porque se busque, se hable, se dialogue, sobre esos fundamentos ideológicos. Se trata pues o de hipocresía o de miedo a descubrir que la bandera de la calidad democrática que algunos se arrogan sólo para sí no es más que una frase hecha y les asusta descubrir que el suyo es un proceso de diálogo interno más sectario, más a la búlgara.
Por tanto, aquellos histriónicos que señalan que el hecho democrático de plantear un debate esconde afanes independentistas se equivocan o mienten. Lo que sí digo, y me voy ahora a un terreno práctico, es que a consecuencia de un planteamiento político nacionalista y en el actual marco constitucional de las comunidades autónomas -sistema que el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero ha comenzado a transformar, idea afortunada pero mal llevada a cabo al generar una doble velocidad en esa revisión- Canarias no tiene que poseer ni una menos de las competencias que se les han transferido o se transferirán a Cataluña o País Vasco; como mínimo, ni una menos.
Comencé escribiendo sobre las Fiestas de Mayo de Santa Cruz -reitero mi invitación a que las disfruten- y he terminado hablando de competencias y política nacionalista. En el fondo, muy en el fondo, quizás hablar de unas cosas y otras no sea tan distinto.
* Alcalde de Santa Cruz de Tenerife y diputado en el Parlamento de Canarias
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD