¡PARA ser ministro no debe importar el estado o la procedencia, sino la capacidad! -Qué bonito-.
Los factores computables, para la elección de un máximo administrador de una cartera estatal o, ampliándolo universalmente, de cualquier cargo o responsabilidad de gestión, deben ser los que atañen únicamente a la personalidad, formación, experiencia, conocimientos específicos, retentiva, organizativa, imaginativa, carisma, capacidad de resolución, trabajo o comunicación..., y no la simple y escuálida condición del punto exacto de la geografía en el que el ministrable haya nacido o se haya formado. ¡Da igual su estado y exactamente lo mismo su acento! Lo que realmente aporta, el peso necesario, es la solvencia intelectual del individuo, con el ingrediente añadido de convertirse de facto en asesor dignificado, con la confianza plena y sintonía estratégica del presidente del ejecutivo, en este caso, Zapatero y los valores (contabilizados en euros) que representa.
De verdad, perfecto. Maravilloso. El paraíso, del espejito mágico, que detecta las figuras más encandiladoras y lo chiva a la bruja. El que vale, vale y punto. ¡Chapó! Me quito el sombrero.
Lo malo es que los canarios no reunimos nunca las características ideales. Entre nuestros dos millones de habitantes no deben existir gentes con la suma de virtudes necesarias para completar el currículum adecuado, por lo menos de momento. Salvo D. Jerónimo Saavedra ("Momo") y D. Juan Fernando López ("Juanfer") y por poco tiempo, desde que se implantó la democracia nadie, de estas islas, ha sido capaz de ocupar el ventajoso lugar de líder en ningún ministerio español. Quizás, la distancia, que impide la consanguineidad con otros barones o altos dirigentes. Quizás, nuestras maneras, así un poco "chafalmejas", o la casualidad. O como le sucede a la selección de fútbol, que no rematamos en los momentos decisivos. No se sabe, lo cierto es que debemos conformarnos con el lema de los perdedores ¡Lo importante es participar! y en aras a la competitividad intelectual que siga determinando el caché, carácter y estilo. Si como estamos delirando en esta suposición, atendemos sólo a razones personales de valía, en esta ocasión era entendible el anhelo desenfrenado del socialista "López Aguilar" por aspirar a formar nuevamente parte del círculo de elegidos. 1.- En Madrid, no lo había hecho tan mal, por lo menos, no peor que "Bermejinsky" o sus colegas peninsulares y su dialéctica galáctica aspiró al título de "Orador Versado". 2.- Aquí, había revolucionado al personal, metiendo caña y sacando de quicio hasta al buenazo de D. Antonio que todavía está mandándolo a callar ¡Dios, como se puso ese hombre, que no dice una palabra más alta que otra por no molestar! 3.- Obtuvo, en el supuesto que hubiera sido él, un ramillete diferencial de votos con respecto a elecciones anteriores y la indiscutible victoria. Así que aún, desde la perspectiva socialista, se lo merecía y daba el perfil, maquillador y esteticista, necesario para integrarse en el meollo político. Pero no, habrá que seguir probando suerte. ¡Ánimo, campeón!
Si usted piensa así, en el triunfo absoluto de la capacidad y para no marearlo, bájese aquí. A mi gusto, es algo ufano y confiado. Para los que no lo somos y sufrimos como monos, interpreto lo que interpreto yo, ¿ministra de Defensa una declarada pacifista, de la izquierda federal? ¿Habría un auriga en la vejiga, si Juan Fernando hubiera sido catalán y con barriga?
La respuesta. Canarias no cuaja ni puede cuajar un peso sólido en el conjunto de intereses que afluyen a los centros de decisión del Estado. No el suficiente, para catapultar a un sillón que no sea "de quita y pon". El poder es escaso y relativo porque damos, por ejemplo, posibilidad de credenciales a 17 diputados cuando, como muestra, Cataluña lo hace con 61. Pero aún esto asimilado, hasta la fecha y desde el final de la dictadura, se han nombrado a cantidades ingentes (cifras de tres números) de ministros y por estadística nos hubiera correspondido una proporción mayor. Media docenita, como mínimo. Cinco, seis, siete,... Hay que buscar más razones. Contamos con una rémora importante de rivalidad, fomentada desde allí, entre los dos principales baluartes poblacionales. Puede producir y de hecho produce, inconveniencias o daños colaterales al partido en la promoción pública de un "chicharrero" o "canarión". Le inquietó a la UCD, al PP y ahora al PSOE. La boca chica de debilidad de patas, no ofrece alternativas ante federaciones influyentes como, en el partido socialista, Andalucía y la todopoderosa Cataluña, o en el Partido Popular, la Comunidad Valenciana o la todopoderosa Madrid. Nombren un gabinete sin catalanes, valencianos, vascos o madrileños, a ver si se atreven. Pa'fastidiarla más, el PSOE-PSC (diferente al PSC-PSOE de Catalunya), por ser más papista que el Papa, ha optado en convertirse en el "Stoper castigador" del nacionalismo intrínseco de una parte de la población y crucifica vejatoriamente los proyectos de "estatus propios" o de renovación del Estatuto de Autonomía (que se han llevado adelante en las partes con más "personalidad diferencial" del Estado). Frena la solidaridad migratoria, mantiene una cruzada diluyendo el veredicto internacional justo sobre las aguas y el espacio territorial canario, se posiciona frontalmente contra la policía canaria y un buen rosario de agravios comparativos, sin que desde allá se entienda, que por poco peso y muy divididos, Canarias, con todos los respetos, no es Cartagena, Toledo y ni siquiera Girona, ni Amorebieta. Está más abajo, en la quinta "pileta". Al nacionalismo de Catalunya tratan de integrarlo, al "Del País" de descalabrarlo. Al egoísmo del socialismo, liberalismo, conservadurismo... "canario" le viene divino el egoísmo del abanico nacionalista y el chicle político debe funcionar.
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