JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.
Se le escapa una sonrisa cuando le apuntamos si ha querido entrar en competencia con Scorsese y su "Shine a light", pero rehúye el paralelismo porque ni se siente Martin, ni tampoco The Mistake -el grupo tinerfeño que confió en él para dar vida a su primer videoclip- son los Rolling Stones. Guillermo Ríos, hijo de Teodoro, uno de los directores de "Guarapo", sigue acumulando premios por "Nasija", un corto que fue preseleccionado para optar a un Oscar en la última gala organizada por la Academia. Ayer se pasó el día encerrado en un solar de Finca España rodando, ajeno a todos los pasos que se estaban dando en el cine Víctor para la "premier" de "Un mundo sin alfombras rojas". Los que han "buceado" entre su producción lo tienen claro. Es un joven que hay que marcar en corto, que es lo mismo que decir que pongan sus ojos sobre él.
-¿Se hizo cineasta por tradición familiar?
-Supongo que los genes tienen algo de culpa. Además, a los 2 años era el típico bebé que salía en los anuncios de suavizante porque en casa siempre había mucho lío con los rodajes. Lo hacía casi por obligación (ríe), sin saber realmente lo que estaba pasando, pero lo cierto es que me lo pasaba bien. Luego, empecé a crecer y comencé a interesarme por la poesía. Todo eso me llevó a hacer un Bachillerato un poco artístico; con espacio para la literatura, la música y el dibujo. Entonces, ya tenía claro que la única posibilidad que existía para comunicar mis historias era a través del cine. A pesar de que sabía que era una auténtica locura, porque viví en primera persona lo difícil que es este mundo, decidí marcharme a Madrid a estudiar cine.
-¿Pesa mucho el apellido Ríos?
-Trato de llevarlo bien porque creo que al final terminas estando con el resto. Sé que estoy expuesto a que digan que solamente soy un enchufado, pero ése es un comentario gratuito al que trato de restarle importancia. De todas formas, también hay gente que piensa que dentro de mí hay algo de talento y que puedo contar historias a través del cine. Al principio es positivo que conozcan de dónde vienes, aunque a la larga ese referente se va diluyendo. Incluso, alguna vez he sentido lo que es que te pongan una zancadilla y esa sensación de envidia que nunca he entendido. El talento no crece en el aire, hay que buscarlo y trabajárselo día a día. Yo lo hago.
-¿Si tuviera que dar vida a una historia como "Guarapo", sería fiel a la idea de los hermanos Ríos?
-Ja, ja... "Guarapo" me hizo descubrir el cine y, sobre todo, acentuó la admiración que ya sentía por todo lo que hacían mi padre y mi tío. En medio de un enorme follón por lo que ellos habían logrado, yo únicamente alcanzaba a entender que eran directores de cine y que estaban nominados para los Goya. "Guarapo" me hizo comprender la locura que invadía mi casa durante un rodaje cuando era pequeño. El respeto que siento por los hermanos Ríos me motiva para narrar mis historias.
-En su caso, Madrid es una ciudad de idas y vueltas; ¿se lanzará a la aventura peninsular o hará cine desde la periferia?
-Quiero apostar por una fórmula mixta. Al acabar la Escuela (la de Cine) regresé a Canarias e hice un corto que se titulaba "El tatuaje". Funcionó, aunque ni mucho menos logró el éxito de "Nasija", que sí ha tenido la suerte de quedarse y ganar muchos premios. Seguí aquí porque tenía el encargo para hacer un anuncio de yogur y, a partir de ahí, me encomendaron varios proyectos publicitarios. Madrid me llegó a tentar para trabajar de auxiliar del auxiliar, pero aquí era realizador. Decidí quedarme para desarrollar cositas que me llevaron a "Nasija". Aún me sentía un estudiante y ya me estaba enfrentando a los problemas que tiene que solucionar un realizador. He tenido la suerte de dirigir proyectos desde Canarias, aunque estoy listo para hacer las maletas y rodar en cualquier parte del mundo.
-¿Esperaba tanto de "Nasija"?
-No, "Nasija" me permitió romper con las normas académicas que me enseñaron en las aulas y llevé la historia a donde yo quería. Me dejé llevar por mi instinto y no hice caso a las reglas de análisis cinematográfico para confeccionar el cortometraje a mi manera.
-¿No le quedó una sensación amarga cuando perdió todas las opciones de pelear por su primer Oscar?
-Bueno, fue una bonita aventura. Me sentía como si estuviera caminando sobre una nube, pero desde el principio fui consciente de las posibilidades reales de "Nasija". Llevamos la cinta a un festival de California y nos dimos cuenta de una señal de rechazo. Gustó mucho cómo fue su elaboración, pero el tema no enganchó a los americanos -los malos tratos hacia la mujer- y dijimos: "¡Eh!, hasta aquí hemos llegado".
-Tras recibir otro galardón en Grecia, "Nasija" se ha convertido en el corto canario más laureado de la historia. ¿Le asusta que su próximo proyecto no esté a su altura?
-"Nasija" me produce vértigo, pero esto se quita trabajando y con nuevos proyectos. Tengo las ganas del que llega por primera vez a un sitio y desea tener contento a todo el mundo, pero este mundo es difícil y hay que tener los pies en el suelo para impedir que una buena racha desencadene una fase de acomodamiento no deseada.
-Al margen de los Ríos, ¿cuáles son sus referentes en el cine?
-Sé que tengo que ver cine para descubrir cosas, pero no soy de los que viva obsesionado con ver y ver películas. Existe tanta información, que de alguna manera tienes que crearte unos filtros para escapar de la saturación. ¿Un director? No sé, hay muchos y todo esto cambia en poco tiempo, pero siento atracción por lo que hace Julio Medem. Me va el cine lento, pero el problema es que no sé hacerlo.
-El videoclip de The Mistake, ¿ha sido una parada en un género por el que usted siente fascinación?
-Todo lo hago con música y estudio los recursos que tengo a mi alcance en función del ritmo que le pueda imprimir. Ruedo con los cascos puestos y trato de analizar los movimientos de las personas a través de la música. Lo de The Mistake fue una opción en una etapa de mi carrera en la que no tenía un proyecto audiovisual entre manos. Mi mente funciona más rápido y concibe mejores ideas si está enchufada a la música. Después de "Un mundo sin alfombras rojas" tengo varias opciones de seguir experimentando con ella porque, además, tengo buenos amigos en Mento (un grupo de pop-rock que ha montado su cuartel general en una casona de Guamasa) y es muy posible que hagamos algo juntos. Soy de los que creen que hay que probarlo todo para coger o rechazar ideas. Ya lo comenté el otro día. El videoclip de The Mistake no es una maravilla, pero cumple su cometido.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD