VAYA por delante mi pleno reconocimiento a los programas de debate que este canal de televisión nos ofrece, dado que estimula y favorece la reflexión política, que buena falta hace.
Días pasados concurrieron a uno de ellos tres figuras relevantes de la política, Juan Manuel García Ramos, Eligio Hernández y Fernando Fernández. Discutieron sobre diferentes cuestiones de marcada enjundia, y una de ellas, concerniente al derecho de autodeterminación de los pueblos, fue bastante significativa e interesante.
No obstante, desde mi punto de vista y apoyado por las referencias de la historia más reciente, entiendo que por parte de los que defendían el nacionalismo español, Eligio y Fernando, se cometieron algunas que otras imprecisiones.
Sobre la autodeterminación y desde la doctrina de Wilson y Lenin (la constitución de la URSS reconocía el derecho de autodeterminación de las repúblicas. Autodeterminación ¿para qué? Más bien, libertad ¿para qué?, fue lo que Lenin manifestó) se han distinguido tradicionalmente dos tipos: una, la autodeterminación interna, que implica el deseo de los pueblos de decidir libremente la forma de gobierno bajo la cual quieren regirse, y la externa, que es el derecho que tienen a decidir su propio status dentro de la comunidad internacional; status que podrá manifestarse en un Estado independiente y soberano, en una libre asociación con otro Estado independiente o en la emergencia de otra posible situación reconocida en el derecho internacional.
Pues bien, tanto Eligio como Fernando insistían en subrayar que el derecho de autodeterminación sólo estaba reconocido para los territorios colonizados basándose en la Resolución adoptada por la Asamblea General de la ONU del 14 de diciembre de 1960. Esa era su posición manifiesta.
Pero se olvidaron de mencionar otras fechas tan importantes como la anterior. En una de ellas, la de diciembre de 1966 se vuelve a reiterar este reconocimiento en los dos Pactos Internacionales de Derechos Económicos, Sociales, Culturales y de Derechos Civiles y Políticos, respectivamente, donde, en su artículo 1, hace extensivo ese derecho no sólo a los pueblos colonizados sino a todos los pueblos de la Tierra. Se insiste en ello, una vez más, el 24 de octubre de 1970, con motivo del 25 aniversario de las Naciones Unidas en el reconocimiento del principio de igualdad de derechos y de libertad para los pueblos.
El derecho de autodeterminación es hoy no solo una norma de derecho internacional, sino también un derecho humano que los Estados están obligados a respetar. Así se expuso en la ONU, y España, como miembro de la misma, lo ratificó -Juan Manuel se lo recordó- y se refleja en la vigente Constitución de 1978, en su título I y en al artículo 10-2: "Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificadas por España".
Por lo tanto, no puede ni debe ser motivo de escándalo que los pueblos, Canarias lo es si así lo decide y lo crea conveniente, puedan ejercer cuando les plazca ese derecho fundamental. Y con ello lo que se pondrá de manifiesto no será nada del otro mundo, sino, simplemente, qué tipo de relación política se pretende con el Estado español, cuál con la Unión Europea y qué con América y África.
Si así sucediera, porque es legítimo, el sujeto político que es la colectividad canaria, desde su madurez y exento de tutelajes externos, decidirá ir por aquí o por allí. Y los partidos nacionalistas canarios, entretanto, tendrán la obligación ideológica de circular por ese terreno, estimulando y defendiendo la libre determinación del espacio y del territorio donde viven y ponen en práctica su ideario político.
Y por supuesto comprendemos perfectamente la otra posición, la del nacionalismo español del PP y PSOE, que desde la teoría y desde la práctica se afanen en hacer todo lo posible para que esto no suceda y demonicen este derecho y pretendan encorsetarlo entre cuatro paredes desconceptualizadas.
Aunque es bueno a veces recordar la historia sobre todo la del PSOE, que en su momento se definió como autodeterminista, defendiendo a ultranza la libre determinación de los pueblos que integran el Estado español. Sabemos que las estrategias de los partidos cambian en sus congresos y de la misma manera que se abandona el marxismo, pasó lo mismo con su posición autodeterminista.
Pero los pueblos no han caído en la desmemoria y lo que hay que hacer, si sus pretensiones un día son estas o aquellas, es que ni se las estrangule ni se las confunda. Lo que sería bueno para todos, ya que estamos hablando de libertad, que es ni más ni memos, la piedra de toque y la más pura esencia de la democracia.
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