NO ES QUE HOY tuviera pensado tratar este tema, aunque parezca fuera de la corriente en boga en estas postelecciones donde nadie se entiende con nadie y hay tantas opiniones como individuos e individuas (hay que tener en cuenta que un Ministerio más, el de Igualdad, nos controla). Pisamos suelo archipielágico. Pero mi querido primo Manolo Enrique Darias, el maestro del comité, que ha hecho mutis de las páginas de la prensa, me está pidiendo que, en uno de estos "ladrillos" haga un ejercicio de recuperación de la "memoria histórica" de un popular personaje gomero llamado de nombrete "Agustín Malhecho", a quien he citado alguna vez, tanto a él como a otros, en una serie de escritos en que rememoré mi niñez y mi primera juventud en San Sebastián de La Gomera. Esas narraciones las tengo guardadas por ahí, pero tardaré menos en volver a escribir algo parecido que emplear el tiempo en buscarlas.
Empecé a contar, recuerdo, la costumbre que tenían en la Villa de San Sebastián de emplear el mote, el nombrete, para llamar a la gente. Entonces, dio la casualidad de que leyó uno de esos artículos un amigo mío de la infancia: Bonifacio Vera, a quien recordaba. Era gestor administrativo, creo recordar, extraordinariamente culto, muy aficionado a la música, que asistía hasta a conciertos en Viena y otras ciudades musicalmente famosas de Europa. Me puse en contacto con Bonifacio, que era también un estudioso de las costumbres de su tierra, también La Gomera, y me envió en una relación cerca de un centenar de nombretes de gente de San Sebastián y de toda la isla. Entre ellos, precisamente, "Agustín Malhecho". Estaban también los de "Antonia La Patuda", "El Pajarita Jacinto Coneja", "El Afamado", "Las Guadalupeñas", "Jaime el Barbudo", "Tía Bruna", "Tía María la Grande", "El Topete", "El Camellero", "María Baba", y así hasta, ya dije, que un centenar o más. Y, naturalmente, el pueblo conocía y llamaba a la gente por el nombrete. En otro tiempo, mi madre era mi mejor informadora. Quien podía haber escrito un libro lleno de ocurrencias y sucesos pintorescos era mi tío Rafael Macía y, más tarde, porque se sabía todas las historias, mi muy entrañable amigo y compañero de parrandas, el inolvidable Manuel Padilla, hijo del viejo Daniel Padilla y hermano del cura Padre Ramón.
Bonifacio estaba mal de salud y murió hace unos años y de los "informadores" sólo queda Tito Padilla, quien, precisamente, tuvo empleado en la panadería que tenía en la Villa, a "Agustín Malhecho". Y como se trata de ejercitar la memoria y yo tengo poca, precisamente de "Agustín Malhecho" tengo poco que contar. Lo que recuerdo y conté fue que cuando Agustín iba a casa de mi abuela, en la Villa, allí había una fiesta. El golpe que narré fue aquel en que Agustín se iba a casar y mi madre y mis tías le preguntaron cómo era la novia. Agustín contestó: "Pues mire, es amplia, sicalíptica y de exagerada hipocresía", refiriéndose a las tetas, con perdón. Y como se acaba el espacio, prometo a Manolo Darias, de quien quizás por lo del comic le viene su interés por las historietas, que espero contarle algo más de personajes gomeros.
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