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Cartas al Director

24/abr/08 18:19
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Playas artificiales palmeras

Costas, a ruego de los políticos palmeros, como en las anteriores actuaciones, va a hacer una gran playa en el litoral capitalino, frente a los aparcamiento de los terrenos ganados al mar. Bueno será ahora, para no repetir los mismos errores, recordar varias actuaciones en la creación de playas artificiales en la Isla.

a) Año 1993. Playa de Bajamar (Breña Alta). Obra engañosa, despilfarradora y productora de daños ecológicos, realizada por costas a cambio de la playa natural de El Roque (S/C. de La Palma), donde se han gastado 1.000 millones de las antiguas pesetas del erario público, y en el primer temporal la mar llevó casi la totalidad de la arena, depositándola en la bahía del puerto principal palmero, dejando la escollera del paseo marítimo al descubierto y destruyendo varias escaleras de acceso a la playa.

La arena fue extraída sin un estudio de impacto ambiental, principalmente del Barranco Seco (S/C. de La Palma), con un barco procedente de Holanda, que, al verter la arena por un tubo en la nueva playa, eran visible los pulpos agonizando, reptando sobre la arena.

Por otra parte, tuvieron que pasar varios años en Barranco Seco para hacer efectiva la pesca de besugos, por haber destruido lugares de desove al extraer arena sin un estudio previo.

b) Playa del litoral de Tazacorte. Esta actuación es similar a la anterior, dándose la anécdota de que, al día siguiente de su inauguración oficial, el mar se llevó casi la totalidad de la arena, rematando el resto el temporal siguiente.

¿De dónde van a extraer la arena para hacer la gran playa? Será del continente africano, que es dorada, o de la arena negra de playa natural del Callejoncito (Garafía), donde el responsable de carreteras del Cabildo Insular, Gerardo Hernández, no le da acceso por carretera, igual que hace con barrio de El Mudo, en Garafía. Según el proyecto, la arena será de color negro.

¿Que garantías tenemos los palmeros de que la gran playa no vaya a engrosar la lista de obras chapuceras de playas artificiales de la isla? Añado que en el litoral capitalino el mar suele inutilizar todos los años los aparcamientos de terrenos ganados al mar y que el cambio climático amenaza con disminuir las playas en general.

Hacen playas artificiales, chapuceras y despilfarradoras del erario público. Mientras que las naturales las truecan (El Roque) por artificiales (Bajamar) o no les dan acceso por carretera a naturales (Callejoncito, en la Villa de Garafía).

Gumersindo Bienes Reyes

El Consejo Insular de Aguas

Está claro que el agua en Tenerife debe de andar en manos de auténticos botarates. De otra manera no se comprende que una isla como la nuestra, especialmente montañosa y riquísima en número de galerías, puede estar pasando poco menos que sed. Se me cae el alma a los pies cuando oigo decir que nuestras balsas están vacías o que "si continúa sin llover nos vamos a morir de sed".

Son unos derrotistas y, sobre todo, unos especuladores. En nuestra tierra hay agua para dar y tomar. Lo que pasa es que los responsables de administrarla no saben o no quieren hacer las cosas como Dios manda para que no falte nunca. Existen galerías que, por razones que desconozco, no se están aprovechando al cien por cien. Ya he contado mil y una veces el caso de la galería que rige la comunidad Hoya del Cedro, en los altos de Icod, que estuvo un montón de años soltando agua a granel y era devuelta al volcán vaya usted a saber por qué insensata razón.

Ahora resulta que el Consejo Insular anuncia que va a construir una desaladora de agua de mar en las costas de San Marcos (Icod), cuando, paradójicamente, tiene cerrada a cal y canto la de El Reventón, a escasa distancia de allí, y también la de la Isla Baja, en Buenavista del Norte. Es increíble tanta irresponsabilidad: o es que les sobra el dinero o es que no saben qué hacer para acallar las protestas de los agricultores de la zona, que cada día están más preocupados por la falta de recursos y de ideas de los que rigen el destino del líquido elemento en nuestra tierra.

Con lo sencillo que es aprovechar los manantiales ya existentes, explotarlos como se debe, y crear minicentrales que ofrezcan beneficios a la comunidad, el Consejo Insular se complica la vida malgastando el dinero en construir una desaladora donde ya hay otra que mantiene cerrada sin saberse por qué. Los agricultores de medianía y los comuneros, en general, han puesto el grito en el cielo porque, además, el agua que producirían estas desaladoras, además de no ser la ideal para la agricultura, resultaría mucho más cara para ellos. El Consejo Insular ha perdido la brújula. Alguien tendrá que remediarlo.

Ernesto Hernández Melchor

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