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La seda "medieval" peligra porque no hay alimento para los gusanos

El número de criadores de gusanos se ha reducido a la mitad porque faltan morales y moreras en las que poder alimentar a las 120.000 semillas de gusanos traídas desde Colombia. Las hilanderas están reclamando que se facilite la siembra de ejemplares de estos árboles para evitar que se pierdan más cosecheros.
21/abr/08 10:29
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M. CHACÓN, El Paso

La pequeña industria artesana y "medieval" de la seda, que mantiene un reducto vivo en el municipio de El Paso y que se vende como uno de los grandes atractivos sociales, culturales y turísticos del municipio en particular y de la Isla en general, parece haber reflotado, tras años de penurias, gracias a la labor encomiable de las hilanderas y al apoyo institucional que han recibido. Pero no es oro todo lo que reluce. Las artesanas se enfrentan a un problema que por ahora sigue sin solucionarse y que puede terminar convirtiéndose en un escollo insalvable para la histórica actividad.

Acaban de llegar al taller en vivo de Las Hilanderas unas 120.000 semillas de gusanos desde Colombia para la cría correspondiente a la presente campaña. Una materia prima que se repartirá entre los "cosecheros" existentes en la Isla, hasta el año pasado en torno a 15 personas. Pero el número de criadores se ha reducido casi a la mitad (sólo quedan 8), según aseguran las propias hilanderas, porque cada vez hay más problemas para poder alimentar a los gusanos y garantizar una cría adecuada, principalmente porque no hay morales ni moreras suficientes en La Palma, árboles que aportan el alimento para estas semillas.

Las artesanas, que de forma casi milagrosa han conseguido mantener esta labor que se remonta al siglo XVI, única en Europa por su singular proceso de hilado y lo rudimentario de sus útiles de trabajo, llevan años advirtiendo del mal que amenazaba a esta centenaria industria, pero no se ha conseguido solucionar desde las administraciones. Los árboles que servían hasta hace poco para facilitar el alimento de los gusanos se han arrancado en su mayoría, casi todos ubicados en fincas particulares y en los espacios públicos, y pese a que en alguna ocasión se ha mostrado la voluntad de hacerlo, no se han plantado estas especies.

Preocupación.- De momento, señaló la artesana Blanca García, "nos mantenemos porque necesitamos poca seda al año, comparado con lo que realmente podríamos hacer, pero con la reducción drástica de los criadores ya estamos teniendo problemas serios y eso nos preocupa". La hilandera se refirió a la reciente pérdida de uno de los cosecheros que más gusanos creaba y más seda aportaba, con unas 20.000 semillas, porque se ha quedado sin morales con los que alimentarlo.

García, que reconoce y alaba la labor que se ha realizado desde el Ayuntamiento de El Paso para rescatar una producción muy valiosa desde el punto de vista social y cultural para La Palma, cree que "todos somos conscientes de que se necesitan plantaciones. De hecho el Consistorio pasense nos dice que está trabajando en la manera de fomentar la siembra de morales y moreras. Es muy curioso que en un pueblo como éste, en el que destaca por historia la seda, no se puedan encontrar ejemplares de estos árboles, al revés que en Puntagorda, en donde, por ejemplo, se realza la almendra y su paisaje lo deja muy claro".

En su momento, añadió, "se activó un proyecto municipal y trajeron morales desde Murcia que se plantaron en un suelo del municipio, pero con el tiempo fracasó, porque no se cuidaron. Al final no sirvió para nada. Ahora, nosotras le decimos a la Administración que se utilicen las zonas públicas, como los jardines, para plantarlos, de tal manera que los criadores de gusanos puedan acceder a ellos y se puedan alimentar a las semillas".

El Consistorio pasense intenta relanzar la actividad de elaboración de productos de seda, contribuyendo a mejorar el incremento de la capacidad productiva y de la competitividad de la artesanía. En ese sentido, se continúa apoyando a un sector artesanal vinculado a las raíces culturales del municipio y que se ha convertido en un foco de atracción turística. Al mismo tiempo, se quiere generar un complemento de ingresos para la población que participe en el proceso de crianza de los gusanos.

El proceso comienza con la compra de las semillas, posteriormente el reparto entre los "cosecheros" del municipio, y por último, con la venta de la seda en el taller de Las Hilanderas que forma parte del futuro Museo de la Seda, toda una economía local que gira en torno a la elaboración del preciado tejido, donde se vinculan los artesanos, y que contribuye de esta forma a mantener una tradición artesanal única.

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