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TENERIFE, PUEBLO A PUEBLO. NUESTRA GENTE (LXVIII)

Valentín Beltrán y Nicolás Fumero, los panaderos de Vilaflor

21/abr/08 20:16
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Enriquecidos por el acontecer diario del pasado de nuestras Islas, la travesía de "EL DÍA de Ayer" continúa su curso y establece una de sus últimas paradas en las cotas del municipio más alto del país, Vilaflor. Son los chasneros los encargados de despedir este proyecto de vivencias del ayer que nos ha permitido conocer los cambios vitales que han sufrido todos los rincones isleños de Tenerife y que en próximas entregas nos llevarán a otros rincones de La Palma, El Hierro y La Gomera. Hoy nos reciben Valentín Beltrán (marzo de 1936, San Miguel) y Nicolás Fumero (junio de 1931, Vilaflor), chasneros unidos por una amistad cimentada en los años compartidos junto a la elaboración del pan. La vida de nuestros protagonistas de hoy no se entendería por separado ya que desde pequeños "somos compañeros de travesuras en el barrio", nos apuntan entre risas, y nos recuerdan que su panadería fue "la más alta de España".

Aunque muchos fueron los trabajos que desempeñaron para superar los tiempos difíciles, Valentín y Nicolás son conocidos entre sus vecinos por ser los panaderos de Vilaflor desde la década de los sesenta del pasado siglo. Así comenzaron una etapa profesional que se extendió 25 años bajo las cuatro paredes de la "Panadería Calle Francisco Ortuño". Valentín se introdujo en el mundo de la masa antes que su compañero, ya que trabajó primero "durante cuatro años en una panadería que tenía arrendada. Se llamaba Panadería Sarabia. Allí aprendí el oficio".

Leña y piñas

Nuestras fuentes orales de hoy reconocen que el oficio de panadero era muy duro y requería de muchas horas de sudor junto al horno. Entraban a la panadería alrededor de la una de la madrugada y terminaban el horneado cuando los primeros rayos de luz anunciaban el nuevo día: "Los hornos de leña, aunque eran mejores, no trabajaban con la rapidez de los actuales", comenta Valentín.

Nicolás y Valentín recuerdan que hacían unos 300 panes diarios, cantidad que se doblegaba en algunas ocasiones, fines de semana sobre todo, cuando les demandaban desde el Teleférico y el Parador del Teide unos 3.000 panes más. Nuestros protagonistas nos comentan que hacían panes de tres tamaños diferentes. "Los chuscos mayores eran de medio kilo y se vendían a cuatro pesetas, mientras los pequeños no llegaban a peseta y media".

Nuestros panaderos no se limitaban a amasar y hornear, sino que el reparto del pan y el suministro de leña para el horno también eran tareas que tenían encomendadas diariamente. "Era necesario repartirnos el trabajo", afirman. La mayoría de las veces el reparto de pan era trabajo de Nicolás, quien recuerda que con un pequeño camión se desplazaba por los barrios del municipio a llevar algo más que pan. "Aprovechábamos el reparto para vender otras cosas, hasta hojillas de afeitar llegué a repartir", comenta entre carcajadas. Valentín se centraba en las tareas de elaboración, así, "cuando llegaba a la panadería preparaba la masa y controlaba el calor del horno para que cuando llegase mi compañero comenzara a dar forma al pan y hornear".

Sin embargo, este reparto de tareas no impedía que existiesen trabajos conjuntos; uno de ellos era la recogida de leña. Con el mismo camión que utilizaban para el reparto se desplazaban todas las mañanas a buscar leña y piñas de pino para poder hornear al día siguiente. "Una vez dejé que Nicolás condujese, creyendo que tenía carné, y no sé cómo lo hicimos pero llegamos", apunta Valentín sonriente.

El cine alemán

Nuestros panaderos han pasado gran parte de sus días haciendo pan para los vecinos de "un Vilaflor, el de hoy, muy diferente al que conocimos de niños". Ambos aseguran que en la Comarca de Chasna en aquellos días de penuria "se pasaron ganas de comer y trabajábamos en lo que fuese para ganar algo de dinero con lo que ayudar a la familia". Sin embargo, aunque reconocen que fueron tiempos muy duros, afirman que "la familia funcionaba antes de otra manera y eso nos ayudaba a salir adelante".

Las infinitas horas que compartieron entre harina y la leña fue la base que construyó la amistad entre dos vecinos que desde pequeños compartieron momentos duros "y otros muchos felices. Porque antes superábamos los malos momentos riéndonos de ellos". Sí, porque había tiempo para reír. Como las artimañas que de jóvenes hacían para poder ver las películas que un alemán proyectaba en el cine del pueblo. "Nos subíamos a los muros del cine, que no tenía tejado, y así veíamos las películas sin pagar".

Hoy, Nicolás y Valentín continúan esa amistad que la panadería construyó, y aunque cada uno dedica sus días a aficiones diferentes, "siempre que estamos un rato juntos acabamos recordando aquellos años". Nosotros despedimos a los panaderos de Vilaflor, pero volveremos el próximo lunes con más protagonistas de "EL DÍA de ayer" del municipio chasnero. Les esperamos.

FUENTE: ANSINA. domingo.jorge@canaryinfoweb.com

 

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