Si hay una tarea de la profesión panadera que nuestros protagonistas destacan especialmente, ésa es el horneado. Ambos reconocen que el horno de leña, aunque fuese más lento, aseguraba un mejor tueste y sabor al pan. "La clave del horneado se basaba en poner el pan en forma circular de manera que los mayores estuviesen en el fondo y los pequeños cerca de la puerta", apunta Nicolás. "Eran hornos de ladrillo y barro que calentaban mucho, por eso conseguir la temperatura adecuada era fundamental. El techo del horno me decía si estaba preparado o no para poner el pan". ¡Qué cosas!